Las viviendas blancas salpicadas de piedra roja son el icono de Vilafamés, este pueblo de roca del interior de Castellón.

Vistas de Vilafamés
Vistas de Vilafamés.

El pueblo de la roca de Castellón. Así se podría llamar a Vilafamés. Y no solo por la presencia de este material en todas las viviendas, sino por la gran mole de piedra que se mantiene en un equilibrio inestable a la entrada de la antigua zona amurallada, la Roca Grossa.

Pero antes de hablar del origen de este particular monumento, es fundamental mencionar que Villafamés, en el interior de la provincia de Castellón y a tan solo 25 kilómetros de la capital, fue declarado uno de los Pueblos más bonitos de España. Y como suele pasar con estas localidades, no es que alberguen impresionantes edificios, ruinas de gran relevancia histórica o paísajes únicos. Es el cúmulo de los pequeños detalles, de las casas de fachada blanca salpicada de piedra rojiza, de los pequeños patios arrinconados o de las callejuelas laberínticas, lo que hacen a Vilafamés un pueblo tan especial.

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Al igual que otras localidades de esta zona, como Culla o Morella, se encuentra en lo alto de una colina, y ha ido expandiéndose desde las ruinas del castillo de origen musulmán que lo coronan hasta las viviendas más nuevas de la zona más baja. Aunque la empinada cuesta que lleva hasta dicha fortaleza pueda parecer un desafío que no merece la pena, te recomiendo que dejes el coche en la Plaça de la Font y comiences el paseo. Al terminar tendrás tiempo de recuperar fuerzas en sus pastelerías.

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Carrer la Font.

La subida comienza por la calle del mismo nombre, el Carrer la Font. No te despistes contemplando el paisaje montañoso salpicado de brillantes casas blancas o te perderás a tu izquierda la Roca Grossa, formada hace más de 200 millones de años y con un peso que supera las 2.000 toneladas. Lo curioso de esta tremenda roca es su colocación, con una inclinación de 34 grados que lleva a temer que en cualquier momento pueda proseguir su descenso hasta la parte baja del pueblo. Su ubicación se debe a la acción de la naturaleza, pero también a la del hombre, pues se empleó para extraer materiales de construcción.

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Roca Grossa.

Como todo icono, guarda una leyenda: los vecinos de Vilafamés no deseaban que la mole siguiera en este lugar por temor a morir aplastados así que decidieron atarle unas cuerdas y tirar con fuerza para desplazarla. Sin embargo, la cuerda se rompió: la roca no se movió ni un centímetro pero los ciudadanos terminaron con sus traseros apoyados en el suelo y cubiertos de un polvo rojizo. Desde entonces, los habitantes de Vilafamés son llamados también los culrojos.

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Presencia de la roca en Vilafamés.

Unos metros más adelante atravesarás el antiguo Portal de la Font, una de las puertas que daban acceso a la zona amurallada de Vilafamés hace varios siglos. A partir de este punto, el color rojizo de la piedra pasa a tener aún un mayor protagonismo, al igual que esas calles laberínticas que no sabes si desembocan en patios particulares o en otra zona del pueblo.

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Alrededores de Vilafamés.

En tu subida hasta el castillo, además de disfrutar de las fachadas de las casas, que por suerte mantienen la estética original, irás encontrándote con diversos miradores desde los que disfrutar del paisaje montañoso, pero no árido -como podrías esperar por la zona-, sino plagado de frondosos árboles.

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Calles de Vilafamés y sus iglesias.

Además, en función de qué recorrido elijas, pasarás por delante de las iglesias de Vilafamés: la Església de l’Assumpció (Iglesia de la Asunción), la Església de la Sang (Iglesia de la Sangre) y la Ermita de Sant Ramon (Ermita de San Ramón). Nosotros no pudimos acceder a ninguna de ellas. En plena pandemia, el pueblo estaba bastante solitario y los lugares emblemáticos, cerrados.

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Torreón del castillo de Vilafamés.

Una vez en el propio castillo, verás que de esta fortaleza de origen andalusí poco queda más que la torre, que es muy posterior, en concreto de las guerras carlistas. Dentro de la propia fortaleza, te encuentras con L’Abric del Castell (el Abrigo del Castillo), una pequeña cueva que alberga pinturas rupestres -también cerrada con motivo del Covid-19-.

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Calles de Vilafamés.

Comienza entonces el descenso disfrutando de todo lo que no hayas visto hasta entonces y recargar fuerzas. La pastelería que hay en la Plaça de la Font es altamente recomendable para los más golosos.

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