Escondida en el interior de Castellón, Culla fue la última adquisición de los templarios en la Corona de Aragón y hoy se alza como uno de los pueblos más bonitos del Alto Maestrazgo.

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Vistas de los alrededores de Culla.

Si piensas en Castellón, evocarás playas y quizás el Castillo de Peñíscola, pero sobre todo pensarás en disfrutar del mar. Sin embargo, la comarca del Alto Maestrazgo, en el interior, aunque a pocos kilómetros de las principales localidades costeras, revela un fuerte contraste, con sus bosques mediterráneos, sus paisajes verdes y sus zonas montañosas.

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Vistas de Culla desde la carretera.

Limitando ya con Teruel, esta región esta formada por nueve municipios, entre los que destaca Culla. En lo alto de una montaña y rodeado de un gran valle, se sitúa este pueblo, catalogado como uno de los Pueblos más bonitos de España, en el que las ruinas se han fusionado con las nuevas viviendas conformando un municipio de intrincadas callejuelas que culmina en lo alto de un antiguo castillo desde el que se puede apreciar la belleza de la Alto Maestrazgo.

Su belleza está muy ligada a su intensa historia. En esta localidad de Castellón, destacó la presencia de los templarios, que convirtieron a Culla en un tesoro muy preciado. De hecho, en la actualidad se organizan visitas turísticas por el pueblo mostrando los enclaves en los que aún se percibe la huella de esta orden. En 1303, Culla se convirtió en la última adquisición de los templarios en la Corona de Aragón, antes de que desaparecieran una década después. La compra fue, además, la más cara en la zona: se pagaron 500.000 de los denominados sueldos jaqueses.

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Restos de la muralla de Culla.

Si vas a las 12:00 o a las 16:30, podrás seguir una de las rutas guiadas, pero si no, el pueblo dispone de carteles en los principales puntos de la que llaman el recorrido histórico por Culla, que comienza en las murallas para llevarte hasta las ruinas del castillo y descender posteriormente por la zona más exterior y disfrutar de los distintos miradores. A medida que te adentres en el propio corazón del pueblo percibirás cómo cambian las viviendas: las antiguas fachadas se diferencian de la zona más nueva por su construcción de piedra vista frente a las casas encaladas de la zona más nueva.

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Calle que conduce a la Iglesia del Salvador (Culla).

Poco después de doblar una esquina verás ya la torre del campanario de la Iglesia del Salvador, que parece arrinconado. En esta calle, el carrer Pla, verás cómo algunas ventanas destacan sobre las fachadas de piedra por estar pintadas de color azul. Las leyendas dicen que es para espantar a los malos espíritus, mientras que otros afirman que es para evitar los insectos.

A las puertas de la iglesia hay una piedra con forma de cilindro, el Pelleric, donde se colocaba un palo y se ataba a los condenados por robos u otros delitos, para que fueran objeto de mofa del resto del pueblo. Junto al campanario se encuentra la Plaza del Pardal. Aunque con su reforma ha perdido encanto, aquí se encontraba la Casa del Delme, hoy convertida en dos viviendas, donde se pagaba el diezmo, es decir, un impuesto religioso que consistía en el 10% de la cosecha.

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El ‘Pelleric’ (Culla).

Tras dejar atrás el antiguo hospital, destinado inicialmente a la acogida de las personas más vulnerables, aunque también a enfermos, llegamos ya a los pies del castillo. Esta antigua fortaleza árabe es el punto más elevado de Culla. Hoy solo quedan pequeños fragmentos de los muros de esta construcción, que fue arrasada tras la guerra carlista de los siete años.

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Ruinas del Castillo de Culla.

No obstante, muchas de sus piedras fueron empleadas para construir las viviendas del pueblo. Y es desde aquí desde donde mejor se puede contemplar el paisaje que rodea al pueblo así como el pequeño tamaño de esta localidad: un conjunto de casas de tejados rojizos que suben por ladera dando la sensación de que unas intentan comer el espacio a las otras.

La bajada es más cómoda y transcurre por la parte trasera de la fortaleza hasta llegar a la Iglesia de El Salvador, edificada sobre la reconstrucción del templo medieval del siglo XIV. Si te asomas al mirador que ahí junto a ella, la leyenda dice que se pueden escuchar los lamentos por la separación de dos enamorados, el caballero templario Artal de Asens y la joven Oras.

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Iglesia del Salvador (Culla).

No termines el paseo sin fijarte en otros dos puntos fundamentales del recorrido: el Perxet, un soportal escondido en el que se conserva un arco del siglo XIV,  y la prisión, que antes de ser utilizada como tal en las Guerras Carlistas y la Guerra Civil, fue el granero del Comendador.

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El Perxet (Culla).

Además de la historia que atesora este pueblo escondido en el interior de Castellón, lo que más me gustó fue perderme por sus calles, girar por ellas y encontrarme preciosas viviendas de piedra o fachadas de un blanco impecable, adornadas con cuidadas flores, y patios en los que disfrutar de bellos atardeceres en verano.

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Vistas de Culla desde el Castillo.

Para completar la visita puedes acercarte a la Carrasca de Culla, en la Masía Caples, declarado árbol monumental de la comunidad valenciana con 20 metros de altura y un tronco cuya circunferencia mide siete metros. Se dice que sirvió de escondite durante las guerras Carlistas. Y si quieres conocer otros pueblos tan bonitos como este en la zona de Castellón, no te puedes perder el post sobre Morella.

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