La mayor urbe escocesa no goza de la popularidad de Edimburgo, pero disfrutar de un día paseando por Glasgow te descubrirá una versión completamente distinta de Escocia.

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Vistas de la Catedral de Glasgow desde la necrópolis de la ciudad.

Glasgow no es Edimburgo. Son ciudades opuestas. Mientras que la capital escocesa es un gran pueblo de magia, historia, reinas, princesas y riqueza rodeada a su vez de un manto de decadencia, la ciudad más grande de Escocia es un pequeño Londres de altos edificios, bares, y reservado para los británicos. Hoy en día todo está orientado al turismo –y puede que en unos años me arrepienta de esta frase porque deje de ser cierta-, pero Glasgow ha decidido crecer por y para sus habitantes. Las tiendas de souvenirs están contadas, los puntos emblemáticos no están masificados y sus bares, restaurantes y calles están llenos de vida, pero de personas locales que salen a disfrutar de la ciudad cuando el tiempo lo permite.

No digo que Glasgow sea un punto de paso obligatorio en un breve viaje a Escocia, pero si tienes tiempo, es muy recomendable y podrás descubrir su esencia en menos de 24 horas.

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Catedral de Glasgow.

La catedral y el cementerio son los lugares más emblemáticos. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las ciudades, la catedral de Glasgow está algo apartada del centro, pero no puedes dejar de visitarla. De techo de maderas y vidrieras de colores, aunque ha sido restaurada, fue una de las pocas que se libró de la reforma protestante que se vivió en Escocia.

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Estatua dedicada a John Knox.

Contrasta con esto el hecho de que a unos metros, en una colina, una estatua del cardenal John Knox -propulsor de esta reforma- presida la necrópolis de la ciudad. Además, Knox cuenta con una calle en su nombre.

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Necrópolis de Glasgow.

Aunque este cementerio victoriano, donde dicen que pudo estar el primer asentamiento en Glasgow, no cuenta con grandes panteones, es bonito pasear por entre sus tumbas y descubrir la estructura de la catedral desde las alturas.

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Antiguas cabinas de policía de Glasgow.

¿Y después? Camina. Encuentra las cabinas azules, antiguas cabinas de policía que se hicieron famosas gracias a la serie de televisión Doctor Who. La maquina del tiempo utilizada por el protagonista, la llamada Tardis, tenía esta forma. En realidad, estos pequeños cubículos fueron utilizados por la policía o los ciudadanos hasta los años veinte como forma de contactar con las comisarias. A diferencia de las habituales cabinas telefónicas, el teléfono estaba situado fuera, mientras que en le interior los policías tenían una «pequeña oficina».

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Saint George Square.

Llega a Saint George Square, una plaza presidida por la sede del ayuntamiento, un majestuoso edificio victoriano. Además, la plaza está salpicada de estatuas, dedicadas a varias figuras de origen escocés: el poeta Robert Burns; el ingeniero e inventor mecánico James Watt, que perfeccionó el funcionamiento de la máquina de vapor y la lanzó al mundo; el político y primer ministro británico en el siglo XIX Sir Robert Peel; y el escritor romántico Sir Walter Scott.

Y continua hasta la Royal Exchange Square, donde se encuentra la Galería de Arte Moderno de Glasgow. Verás la estatua del primer duque de Wellington a caballo, y probablemente, un cono naranja de tráfico sobre su cabeza.

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Royal Exchange Square (Glasgow).

Aunque la policía solía quitarlo cada vez que algún escocés la colocaba en una de sus juergas nocturnas y el propio ayuntamiento planteó la posibilidad de elevar la estatua para impedir estos actos de «vandalismo», finalmente tuvieron que dar marcha atrás ante la petición de los habitantes de la ciudad. Lo cierto es que ya es un emblema de Glasgow y verás todos los imanes con el cono sobre la cabeza del Duque. El objetivo, dicen, es bajarle los humos a los militares británicos.

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Graffiti en las calles de Glasgow, realizado por Smug.

Y no dejes de mirar a cada edificio en tu camino, pues en cualquier esquina encontrarás un mural de tremendas dimensiones y un realismo sorprendente. Y no esperes verlos solo en las calles comerciales, que también los encontrarás, pues en la zona situada junto a la University of Strathclyde, muy cerca de la Catedral, hay varios que te dejarán con la boca abierta.

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Graffiti en la Strathclyde University de Glasgow, realizado por Rogue-One y Ejek.

No dudes en llegar hasta el río Clyde: son muchos los puentes que lo atraviesan, todos ellos de una estructura totalmente contemporánea que recuerda al Millenium Bridge de Londres. Además, en esta parte de la ciudad encontrarás la pobreza y la decadencia que se respira en las zonas industriales que han dejado atrás sus años de esplendor.

Para terminar tu visita de un día en Glasgow, acércate a Merchant City, un lugar lleno de vida y en el que nosotros tuvimos la suerte de encontrarnos con un festival de música. Sus calles están llenas de bares y restaurantes de diferentes nacionalidades: elige uno y disfruta del ambiente distendido. Nosotros, por recomendación de la guía, optamos por Cafe Gandolfi. Su carta es poco variada pero la calidad y el trato, excelente.

¿Y para dormir? La oferta de Glasgow es amplia, así que no tendrás problemas en encontrar un alojamiento. Nosotros dormimos en el DoubleTree by Hilton Glasgow Central: un gran hotel, muy cerca del centro, unas amplias instalaciones –que incluyen una piscina de acceso gratuito que se agradece tras un día de turismo-, unas amplias habitaciones y un desayuno buffet.

El post no está patrocinado por ningún hotel ni restaurante. Todo son recomendaciones basadas en la prueba y error de mi propia experiencia. 

Un comentario sobre “Glasgow en un día: la desconocida ciudad escocesa”

  1. Después de leerlo me apetece me visitar Glasgow, quizá sea el primer español que le ponga el cono en la cabeza al caballo del Duque de Wellington.

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