Una de las visitas imprescindibles en un viaje a Escocia es la Isla de Skye. Descubre cómo conocer sus lugares más mágicos en dos días.

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Fairy Glenn (Isla de Skye).

La Isla de Skye es una de las más famosas del territorio escocés, también por su cercanía a la gran isla británica y la posibilidad de llegar incluso en coche. Por tanto, si haces un road trip por Escocia debes reservar al menos dos días para conocer la Isla de Skye y disfrutar de su variedad de paisajes.

Si en el resto de Escocia hacer rutas a pie puede resultar una tarea más complicada de organizar, encontrarás abundante información sobre los paseos que debes realizar en esta zona. Aunque más que paseos, yo los llamaría rutas de senderismo, porque la mayoría no son fáciles ni cortas. Y si el tiempo no acompaña, muchas son irrealizables.

¿Cómo llegar a la Isla de Skye?

Lo primero de todo es conocer las posibilidades que tienes para acceder a esta isla, la más grande del archipiélago de las Hébridas Interiores –Escocia tiene cerca de 800 islas, de las cuales, las más importantes se agrupan en las Islas Shetland, las Orcadas y las Hébridas (interiores y exteriores).

Para llegar a Skye tienes dos opciones: cruzar en coche o en ferry. Si optas por la primera opción, entrarás por el Skye Bridge. Si vienes por el norte, antes de llegar verás el Eilean Donan Castle, situado en una diminuta isla a la que se acceder por un puente de piedra.

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Eilean Donan Castle.

Este castillo es conocido por haber sido el escenario de rodaje de películas como Los inmortales. Su interior, a diferencia de otras fortalezas escocesas, se ha convertido en una recreación de los antiguos castillos escoceses, con exposiciones de mobiliario y otros objetos de la época. La entrada no está incluida en la Explorer Pass y cuesta 10 libras por persona. Yo te recomiendo que te quedes con el maravilloso paisaje, descanses un rato –si los numerosos autobuses llenos de turistas te lo permiten- y continúes hacia Skye.

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Ferry desde la Isla de Skye a Mallaig.

En el caso de que decidas llegar en ferry, la mejor opción si vienes del sur, tienes que cogerlo en Mallaig y te dejará en Armadele, al sudoeste de Skye. En temporada alta, la frecuencia de salidas es elevada, pero aún así, es recomendable reservar con antelación a través de internet pues las plazas son muy limitadas. El viaje tiene un coste de 10,25 libras por automóvil, más 3,10 libras por ocupante (incluido el conductor).

Mi recomendación es que si hacéis un road trip entréis por un lado y salgáis por otro, así podréis conocer el Eilean Donan Castle y el pequeño pueblo pesquero de Mallaig, con numerosos restaurantes.

¿Qué hacer en la Isla de Skye?

El centro de la isla es la ciudad de Portree. En ella encontrarás numerosos restaurantes, algunos comercios y la mayoría de los alojamientos. No obstante, tendrás que moverte de una punta a otra para conocer los principales lugares.

Si te alojas en Portree, te recomiendo que la primera ruta que hagas, antes de estar demasiado cansado, sea The Old Man of Storr. Tras dejar el coche en un falso aparcamiento junto a la carretera, comienzas a subir una empinada montaña que te llevará a encontrarte frente a frente con sus picudas rocas de la parte superior y con unas vistas impresionantes de toda la isla. Eso sí, esta maravilla tiene su precio y aunque en este caso no sea económico, si lo es físico.

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The Old Man of Storr.

La subida es dura, tanto si tienes un día de calor (como fue nuestro caso) como si está lloviendo. El camino es cuesta arriba prácticamente todo el rato, por un terreno de tierra surcado por piedras en algunos tramos. La parte buena es que hay ciertas llanuras en las que puedes parar a tomar el aire. Una vez arriba, te aseguro que no te arrepentirás. Eso sí, si el viento sopla en la zona del parking, una vez estés en la parte superior, es posible que te cueste descender: las rachas de viento acribillan la piel con las piedrecitas y desestabilizan tu equilibrio.

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Subida a The Old Man of Storr.

La ruta es de 3,8 km (ida y vuelta) y está calificada como de dificultad media. Aunque en la web de la propia Isla de Skye pone que en 45 minutos estarás arriba y en una hora y cuarto habrás terminado el trayecto, incluye en tu planing más tiempo para este recorrido porque salvo que seas un senderista profesional -y no quieras hacer ninguna fotografía-, es difícil que se cumpla.

A continuación, acércate a Kilt Rock View: un acantilado desde el que verás las cristalinas aguas del mar.

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Kilt Rock View.

Después, te recomiendo sigas hasta otro de los principales núcleos de población de la isla, Uig, para reponer fuerzas. Desde allí, podrás elegir cuál es tu siguiente parada: The Quiraing, una ruta compleja y empinada, de 6,8 kilómetros y una supuesta duración de dos horas; o The Fairy Glenn, dicen que es un paisaje similar al que encontrarás en The Quiraing pero en miniatura. Nosotros optamos por la segunda opción porque hacía demasiado calor y aún no nos habíamos recuperado de la primera senda.

The Fairy Glenn tiene un aparcamiento pero si vas en temporada alta suele estar lleno. En la guía ponía que estaba la opción de dejar el coche en Uig (a varios kilómetros de distancia), pero en la propia carretera, si no es hora punta, encontrarás un hueco donde aparcar.

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The Fairy Glenn.

¿Y qué es The Fairy Glenn? Pues un lugar mágico. Una pequeña llanura rodeada de pequeñas montañas de distintas alturas y diversos montículos, todos ellos cubiertos de un frondoso césped. Lo mejor es sentarse en una de estas minimontañas y disfrutar de las vistas y de la tranquilidad que allí se respira.

Para una primera jornada estas dos visitas son suficientes. Como mucho, te recomiendo que des un paseo por Portree antes de cenar y conozcas su colorido puerto o te tomes el descanso que tus piernas se merecen.

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Puerto de Portree.

En la segunda jornada, te propongo visitar la parte situada al sudoeste de la isla. Si te alojas en las cercanías de Portree y vas a salir por Mallaig, te recomiendo que vayas primero al punto más alejado, la playa de coral. Para llegar a ella, pasarás por delante del Dunvengan Castle. El precio no está incluido en la Explorer Pass y cuesta 14 libras la entrada al castillo y a los jardines y 12 libras, solo a los jardines.

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Dunvengan Castle.

Para conocer la playa de coral, debes dejar el coche en un aparcamiento y andar alrededor de kilómetro y medio por un sendero muy sencillo. De repente, te verás rodeado de un mar de azul cristalino con tonos violetas, una arena blanca y suave y muy cerca, una gran extensión de un verde intenso. La ruta está calificada como fácil, en total harás 3,6 kilómetros y sin contar el tiempo que pasarás contemplando las aguas de esta playa, la puedes completar en 45 minutos.

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Playa de Coral.

¿Y por qué es tan especial esta playa? Aunque por su nombre pienses que vas a encontrar coral en ella, la realidad es que los colores del agua se deben a una especie de algas coralinas rojas que habitan el fondo marino, conocidas como Maërl.

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Playa de Coral.

Siguiendo el camino hacia el oeste, llegarás al aparcamiento del Neist Point Lighthouse. La ruta nos confundió un poco en este lugar, pues aparentemente hay una hacia abajo que te obliga a descender un largo tramo de escaleras hasta las paredes de un acantilado impresionante y continuar posteriormente hasta el propio faro, mientras que otro sendero te hace subir y te permite ver toda la panorámica en su conjunto. Tus fuerzas y tu tiempo te dirán por qué opción optas o si te decides por ambas.

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Neist Point Lighthouse.

Por último, te quedará por ver las Fairy Pools, unas piscinas naturales con hermosas cascadas. Aquí también hay un parking, algo más alejado que en los casos anteriores y de pago –los carteles indican que el dinero se está utilizando para mantener el aparcamiento y construir unos aseos-.

Desde donde dejes el coche, te tocará descender, cruzar la carretera y adentrarte por una camino embarrado en plena montaña, por el que irás paseando junto a un riachuelo que poco a poco se irá abriendo en ciertas zonas, creando dichas piscinas y cascadas con las diferentes alturas. El recorrido, de dificultad media es de 2,4 kilómetros y 40 minutos, aunque tardarás algo más. Y si eres valiente, quizás seas uno de los que osan a bañarse en estas aguas de difícil acceso.

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Fairy Pools.

Con estos planes habrás podido conocer lo esencial de la Isla de Skye en dos días y, salvo que decidas pasar esa noche también allí, tendrás que poner rumbo al ferry (el último sale a las 7 de la tarde). Pero si te queda tiempo, aún hay otras rutas muy interesantes o incluso la que dicen es la carretera más bonita de la isla –si el sol acompaña-, la que va de Broadford a Elgol.

¿Dónde dormir?

En los principales nucleos de población, sobre todo en Portree, encontrarás hoteles u hostales. Y en los alrededores, casas rurales, apartamentos o B&B. Eso sí, ten en cuenta que los precios serán mucho más altos que los del resto de Escocia.

Nosotros encontramos un apartamento, Balmoral View –en realidad la parte trasera de una chalet, que sus dueños habían convertido en dos pequeños apartamentos abuhardillados individuales y con entrada independiente. Está situado a 10 minutos de Portree y aunque llegar la primera vez es algo complicado porque hay que desviarse por un camino de tierra que no parece apto para vehículos, los dueños fueron encantadores.

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Playa junto al alojamiento Balmoral View.

El apartamento era grande, con cocina amplia, una zona de estar con televisión y otra dedicada al dormitorio con unas grandes ventanas por las que se veía el mar. La casa tiene acceso propio a la playa y según nos dijeron, en ocasiones se ven focas y otros animales marinos o aves. Aunque bañarse es imposible porque el agua está congelada, disfrutar del sonido del mar es el complemento perfecto de un duro día de senderismo.

Si sales en ferry por Armadele tras aprovechar toda la jornada y llegas a última hora a última hora, lo ideal es que duermas en este pueblo, con muchas opciones para cenar. Nosotros nos alojamos en un pequeño B&B, Springbank, con unas dueñas muy agradables y una habitación con vistas al puerto.

¿Dónde comer?

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Vistas desde el restaurante del Cuillin Hills Hotel.

Nuestros “caseros” nos dejaron todo tipo de recomendaciones de restaurantes y sobre todo el principal consejo –en especial si visitas la isla durante el fin de semana-, reservar con antelación. La primera noche nos dimos un homenaje y cenamos en el Cuillin Hills Hotel. Aunque la comida no era nada en especial –aunque estaba muy bien presentada, desde luego-, lo mejor son las vistas: el comedor tiene un ventanal que cubre toda la pared desde el que ves las casitas de colores del puerto de Portree, con las montañas al fondo y el mar rodeándolo todo.

¿Qué son los midges?

En todas las guías y posts que leí sobre Skye alertaban sobre los mosquitos que te hacen la vida imposible en la isla, por lo que nada más llegar al alojamiento, se lo pregunté a la dueña. La realidad que estos mini mosquitos –miden menos de 2 milímetros- se parecen más a las típicas moscas diminutas que en España molestan en los paseos por el campo en días calurosos, al atardecer, junto a los ríos. El problema es que mientras que en España son inofensivos, en Escocia, estas nubes de mosquitos te pueden dejar numerosas picaduras en cuestión de segundos. Aunque la reacción no es tan exagerada como la que produce un mosquito español –también depende de la persona, por supuesto- y el grano que se forma es muy pequeño, produce bastante picor.

Las únicas que son “peligrosas” son las hembras, pues necesitan la sangre para poder poner sus huevos. Y en vez de volar en solitario, se unen en grandes nubes.

Para prevenir sus picaduras, además de echarte antimosquitos y evitar llevar ropa oscura -dicen que les atrae-, puedes hacer poco, porque también atacarán tu cara, tu cuello, las manos o lo que sea que lleves al aire. Sin embargo, la buena noticia es que si hace viento, no hay midges. Si no lo hace, cúbrete todo lo que puedas, lleva contigo un abanico o algo que te permita espantarlos de tu cara y, si quieres, cómprate una rejilla protectora para la cara y el cuello: vimos a muchos senderistas que las llevaban.

De los dos días que pasamos en la isla, uno de ellos -el más nublado y lluvioso, pero sin una pizca de viento- estuvimos rodeados de estos bichos y lo cierto es que a las 24 horas vimos cómo empezaban a aparecer las picaduras, en lugares tan extraños como detrás de la oreja, y lo peor, lo que tardaron en desaparecer.

El post no está patrocinado por ningún hotel ni restaurante. Todo son recomendaciones basadas en la prueba y error de mi propia experiencia. 

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