Inverness es solo el comienzo de las Highlands de Escocia: un terreno inhóspito y duro en el que comienzas a sentir que te encuentras en tierras escocesas.

Tierras Altas escocesas
Carreteras de las Highlands.

La mayoría de los que visitan Escocia creen que han llegado a las Highlands en Inverness. Desde allí, cruzan el país hasta Fort William y comienzan su regreso a Edimburgo. Sin embargo, las Highlands de Escocia comienzan en Inverness y no será hasta una vez pasado este pueblo cuando te adentres de verdad en las duras tierras habitadas por los clanes, con escarpados acantilados en los que el mar desata su ferocidad, fuertes rachas de viento o niebla que te impide ver a un metro de distancia. Carreteras serpenteantes, terrenos secos que mudan en un instante a extensos mantos verdes.

Por eso, después de visitar la capital de las Highlands y pasear junto al río que termina en el Lago Ness, nuestro road trip por tierras escocesas continuó hacia el norte en una jornada repleta de sorpresas.

Beauly
Monasterio del Priorato de Beauly.

Lo primero que hicimos fue dirigirnos a Beauly cuyo nombre proviene del Priorato de Beauly, una comunidad monástica católica fundada en torno al siglo XIII. Hoy, se pueden visitar las ruinas del antiguo monaterios. Después nos adentramos en la Black Isle, un lugar que aunque tiene nombre de isla es en realidad una pequeña península que sobresale de los límites de Escocia. Nuestra primera parada fue en Fortrose, para ver las ruinas de la catedral.

Fortrose
Catedral de Fortrose.

La primera sorpresa del día vino después, en Chanonry Point, una extensión de tierra que se extiende hacia el Moray Firth (Fiordo de Moray), entre Fortrose y Rosemarkie, y que es famoso por ser uno de los mejores lugares en Europa para ver delfines en libertad. Para llegar hasta allí, tienes que atravesar una carretera situada entre dos campos de golf -con el temor de que una pelota alcance tu coche alquilado-. Antes de llegar a la playa, hay un aparcamiento de pago. Es bastante pequeño por lo que puede que no encuentres sitio y tengas que darte la vuelta para aparcar algo más lejos.

Cuando llegamos Chanonry Point, decenas de personas esperaban en la playa, con trípodes y grandes cámaras. Nos sorprendió bastante porque no pensábamos que fuéramos a tener la suerte de ver ningún delfín pero a los pocos minutos empezaron a aparecer. Y lo mejor de todo, estaban muy cerca de la orilla, no eran necesarios prismáticos para obsérvalos: a pocos metros de todos nosotros jugaban entre ellos y disfrutaban de su entorno natural.

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Delfines en Chanonry Point.

Nos hubiésemos quedado allí todo el día, pero teníamos otros lugares que descubrir. Si tienes tiempo, en esta zona también puedes hacer varias sendas, como la ruta por las gargantas y cascadas de Fairy Glenn o la denominada 100 steps, que te lleva desde Cromarty hasta el mirador South Sutor.

Llegados a este punto, hay varias opciones. Durante los meses de verano, puedes continuar dando la vuelta a la península hasta Cromarty, donde coges un ferry, que sale cada media hora, y te deja en Nigg. No obstante, tan solo tiene espacio para tres coches y 12 personas y un precio de 9,5 libras por vehículo y conducto más 4,5 libras por cada pasajero extra.

Nosotros optamos por volver sobre nuestros pasos, hacer unos kilómetros de más y continuar hacia el norte cruzando por el Cromarty Bridge. La siguiente parada fue Tain, la villa real más antigua de Escocia. Es un pueblo muy pequeño, con edificios palaciegos pero nuestro principal objetivo era encontrar dónde comer. En nuestra guía ponía que la antigua estación de trenes se había convertido en un restaurante, Platform 1864, y aunque llegamos cuando ya solo servían bocadillos, el lugar era muy agradable.

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Dunrobin Castle.

Pasado Tain, nos detuvimos en Golspie, emocionados porque aparentemente también era un punto de avistamiento de focas. Sin embargo, aunque había gente con las cámaras preparadas para captar cualquier movimiento, no pudimos ver nada y partimos hacia Dunrobin Castle, un verdadero palacio que te encantará visitar si deseas ver cómo vivían los reyes escoceses. Por tiempo, optamos por no entrar y continuar hasta el siguiente pueblo de la costa: Helmsdale, con un puerto en el que quedarse horas disfrutando de la tranquilidad.

Tierras Altas Escocia
Helmsdale.

Pero la siguiente sorpresa del día nos esperaba: el descubrimiento de las verdaderas Highlands de Escocia en Badbea. De repente, ves cómo la naturaleza va transformándose a tu alrededor, los campos cambian de color y se tiñen de amarillo. Más allá de la carretera solo hay grandes superficies de terreno deshabitadas y un mar salvaje que amenaza los acantilados. Y, si prestas atención, un cartel te indicará el lugar donde debes dejar el coche para llegar a Badbea. Porque no hay más. Tan solo una ampliación de la carretera en una pequeña zona para que unos cinco coches puedan aparcar y un camino ligeramente trazado que discurre por la montaña.

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Badbea.

Badbea es el resultado de la batalla de Culloden y de las Clearances. Hasta ese momentos, los terrenos eran distribuidos entre las familias, que trabajaban la tierra concecidida por el jefe del clan de la zona, a cambio de protección militar y de una parte de la cosecha.

Sin embargo, tras la contienda y la prohibición de los ejércitos, así como del sistema de clanes, los jefes decidieron poner fin a la agricultora como forma de vida y dedicarse a la cría de ovejas, con el resultante impacto sobre muchas familias, que se vieron obligadas a emigrar a las grandes ciudades o al extranjero en busca de trabajo. Resultado de las Clearance. Otras se quedaron en la costa, en terrenos como Badbea, donde además de trabajar la tierra, se volcaron en la pesca o la recolección de algo para sobrevivir. A estos minifundios se les llamó crofts (traducción directa del término en castellano).

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Monumento a los habitantes de Badbea.

Si esperas encontrar alguna construcción que indique que allí vivió alguien, estás equivocado. No queda más que un monumento en honor a aquellos escoceses que fueron capaces de resistir en una zona tan solitaria, en la que las inclemencias del tiempo, tanto en verano como en invierno son insoportables, y en la que el viento ponía en peligro a sus animales y a las propias personas, que podían ser arrastrados hasta los acantilados y perderse en el inmenso mar.

Antes de llegar al alojamiento de esa noche, nos detuvimos en Lybster. Un pueblo solitario, con un bonito puerto, que llegó a ser el tercero más importante de Escocia, y alguna casa. Y entonces es cuando te preguntas, ¿vivirá alguien aquí? Y si es así, ¿cómo hará durante los fríos inviernos o los días de intensa lluvia y niebla?

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Lybster.

Ese día dormimos en Wick, la localidad más grande de la zona, que en su día fue el puerto más importante para la pesca de arenque. Sin embargo, la caída de esta industria ha dejado una localidad ligeramente decadente, con bastantes servicios, pero poco atractivo. En The Clachan, otro pequeño B&B, nos volvieron a sorprender con su amabilidad y con sus impecables y cuidadas habitaciones. Pero esa noche no pudimos disfrutar de una cena en un restaurante escocés. Y es que aunque nos recorrimos todos los que nos indicaron, no había una sola mesa libre o ya habían cerrado. Aquí aprendimos que en las siguientes jornadas, reservar con antelación un lugar donde cenar sería imprescindible.

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