Dos días son suficientes para conocer Edimburgo, una ciudad construida en torno a una gran fortaleza en la que los contrastes se sienten en sus calles, pero también en su clima.

Castillo de Edimburgo
Castillo de Edimburgo.

En mi cabeza, imaginaba Edimburgo como una ciudad acogedora, no muy grande y tranquila. Con mimos actuando por la Royal Mile y gaitas sonando por sus callejuelas. Sin embargo, el turismo ha invadido esta ciudad -principalmente en los meses de verano- y aunque me encontré un lugar plagado de historia, con rincones aún parados en el tiempo hace varios siglos, también me enfrenté a avalanchas de gente que visitaban su castillo o que bajaban por la avenida principal sin disfrutar del lugar en el que estaban.

A pesar de todo, me quedo con el Edimburgo de los callejones oscuros y tenebrosos; con las tramas que se urdieron en el Palacio de Holyroodhouse y con las fachadas de colores de Victoria Street. Con las empinadas y empedradas calles, con las comidas caseras y de sabores peculiares y con sus contrastes: al igual que el turismo inunda una avenida y deja vacío un barrio tan mágico como Dean Village, el sol deja paso a las nubes y a la tormenta en cuestión de segundos.

Edimburgo es una ciudad pequeña y aunque me hubiera quedado en ella más tiempo, lo cierto es que con dos días es suficiente para conocer el centro. Eso sí, si quieres hacer alargar tu viaje por Escocia o visitar los castillos que rodean la ciudad, tendrás que alargar tu escapada.

Antes de comenzar la visita a esta ciudad, construida de arriba a abajo, comenzando en lo alto del castillo, y en la que se aprecian varias colinas, debes saber cuáles son sus orígenes. Tanto Calton Hill, como Arthur’s Seat y el Castle Rock (la colina en la que se sitúa el castillo) tienen su origen en la actividad volcánica de la zona.

Hace unos 350 millones de años, el Castle Rock era un volcán activo que se alzaba sobre una amplia llanura fluvial, situada junto a un mar tropical. Cuando su actividad cesó, el volcán quedó enterrado bajo kilómetros de arena y barro. Durante la Era Glacial, sin embargo, quedó al descubierto debido a la fuerza del hielo, que esculpió una forma que sobresalía del paisaje, aún más enfatizada por la depresión que se fue creando a su alrededor por la acción del hielo y que finalmente dio lugar a un pantanoso valle convertido en el lago Nor en 1450. Arthur’s Seat fue también un volcán en activo cuyas formas quedaron delimitadas por la acción del hielo tras cesar su actividad. Por su parte, Calton Hill es en parte el resultado de las erupciones de este volcán. De hecho, la colina está formada por lava y se cree que representa parte del cono del volcán del Arthur’s Seat.

Grassmarket y Victoria Street

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Victoria Street.

Mi primera imagen de Edimburgo fue la curva de Victoria Street y las fachadas de distintos colores de sus edificios. Desde luego, creo que no hay mejor forma de empezar a conocer esta ciudad que con una postal así. Para llegar a Victoria Street, salvo que vengas de la Royal Mile, pasarás por la Grassmarket. En esta plaza se ubicaba el antiguo mercado de ganado y era el lugar donde se celebraban las ejecuciones, aunque hoy está repleta de restaurantes.

Desde ahí, ya tienes las primeras vistas del castillo de Edimburgo, al que llegarás subiendo la empinada Victoria Street. Pero no podrás hacerlo de un tirón porque querrás pararte a contemplar los colores de estos edificios y también sus peculiares tiendas. De hecho, a mi me encantó la llamada Museum Context y es que en realidad es un museo. De hecho, no te ponen ningún problema porque pases a dar una vuelta y hagas algunas fotos. Afirman que cuentan con licencia para vender productos de Harry Potter, pero más allá del universo del famoso mago, hay multitud de objetos preciosos como antiguas plumas, brújulas o globos terráqueos.

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Tienda Museum Context.

Otra opción es, desde la Grassmarket, desviarte ligeramente por Candlemaker Row para llegar a la famosa estatua de Greyfriars Bobby. Aunque seguramente estarás pensando en una persona, esta estatua está dedicada a un perro, en concreto a Bobby, la mascota de un policía de Edimburgo que se mantuvo fiel a su dueño hasta después de su muerte, pues acompañó durante más de una década su tumba en el cementerio Greyfriars, situado en la calle de enfrente de la estatua. No obstante, en esta época, los perros callejeros eran uno de los grandes problemas de la ciudad y la mayoría de ellos eran sacrificados. Para que Bobby pudiera permanecer allí, el alcalde de la ciudad, Sir William Chambers, gran amante de los animales, abonó los impuestos necesarios y le compró un collar -que hoy está expuesto en el el Museum of Edinburgh-, para que ya no fuera considerado un perro sin dueño. Además, la tumba de este perro también tiene un lugar en el cementerio Greyfriars.

Greyfriars Bobby
Greyfriars Bobby.

Otra versión de esta misma historia cuenta que en la época victoriana, los cementerios de Edimburgo estaban llenos de perros callejeros, alimentados por los ciudadanos, y comenzó a popularizarse las leyenda de que estos esperaban a sus dueños ya fallecidos, una historia que fue aprovechada posteriormente por los comerciantes para atraer a los turistas. Sea cual sea su origen, en 1873, Angela Burdett-Coutts -baronesa heredera de una gran fortuna que dedicó a causas benéficaa- financió la creación de esta estatua que, además, representa una de las razas más populares de la zona, el Skye terrier. En los últimos años, se ha popularizado la tradición de tocar el hocico del animal en busca de buena suerte.

Edinburgh Castle

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Castillo de Edimburgo.

El castillo es, sin lugar a dudas, el emblema de la ciudad. Puedes dejar de visitar otros lugares, pero nunca pasar por alto esta inmensa fortaleza en torno a la cual se formó la capital de Escocia. Eso sí, si lo visitas en temporada alta, tendrás que armarte de paciencia o ser previsor y compras las entradas con antelación, para no esperar las largas colas que se forman en las taquillas.

La entrada cuesta 17,5 libras. Antes de comprarla, tienes que pararte a pensar cómo va a ser tu viaje por Escocia. Si tan solo vas a visitar Edimburgo y vas a entrar también al Palacio de Holyroodhouse, te puede llegar a compensar comprar el Royal Edinburgh Ticket, que incluye acceso a ambos, pero únicamente si también vas a coger algún autobús turístico y visitar el Royal Yacht Britannia (un lugar bastante poco conocido). El precio total es de 57 libras por persona, una cifra superior a la suma de los tickets del palacio y el castillo, los principales monumentos.

Sin embargo, si vas a hacer un road trip por el país o vas a visitar más lugares de los alrededores, como el Castillo de Stirling, te puede interesar el Explorer Pass, que incluye la entrada a los principales castillos del país. Hay uno para cinco días (35 libras) y otro para 14 días (45 libras). Te recomiendo que mires bien los lugares incluidos porque puede salir muy rentable.

Volviendo a la visita del castillo, debes saber que se asienta en el Castle Rock, una colina de origen volcánico que, ayudada por la acción del hielo durante las glaciaciones, creó de forma natural una infranqueable fortaleza. Cuando entres, verás que es como un laberinto. Quizás con una audioguía o un tour guiado no tengas esa impresión, pero por tu cuenta, te encuentras en un gran patio que da acceso a varios edificios y no sabes por cuál empezar.

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Castillo de Edimburgo.

Aunque la estructura que se conserva es la original, el interior de gran parte de las estancias ha sido reformado para albergar exposiciones o reproducciones de lo que allí pudo haber. Es el caso, por ejemplo, de los sótanos situados bajo la Crown Square, que recrean las prisiones que albergaron a los presos durante el siglo XVIII y XIX. Además, en una de las torres del Royal Palace se exponen los Honores de Escocia: la corona, el cetro y la espada del Estado, empleadas en las coronaciones de María Estuardo (María I de Escocia), su hijo, Jacobo (Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia); el hijo de este, Carlos I de Inglaterra, y por última vez, en la de Carlos II de Inglaterra y Escocia. Allí también se encuentra la Stone of Destiny (Piedra del Destino), sobre la cual los reyes escoceses ponían sus píes al ser coronados.

Asimismo, se pueden visitar estancias originales, como el Great Hall (el Gran Salón), construido para Jacobo IV, abuelo de María Estuardo, como sala de ceremonias, y utilizado posteriormente como sede del Parlamento escocés hasta principios del siglo XVII. También se puede acceder a la St. Margaret’s Chapel, considerado el edificio más antiguo de la ciudad.

No obstante, lo mejor es perderse por la fortaleza y contemplar desde lo alto de sus muros la ciudad de Edimburgo. Y si a la 13.00 estas por el castillo (y no es domingo), podrás ver y oír cómo se dispara el One O’Clock Gun, un cañón de la II Guerra Mundial.

Royal Mile

Royal Mile
Royal Mile.

Se podría decir que el centro de Edimburgo está concentrado entre el castillo y el Palacio de Holyroodhouse, conectados por la Royal Mile, una amplia avenida que ha conseguido mantenerse intacta al paso del tiempo. No obstante, la Royal Mile, llamada así por medir una milla escocesa, 1.814,2 metros, está dividida en cuatro partes: Castle EsplanadeCastlehill, Lawnmarket, High Street y Canongate.

De ella, salen oscuros callejones que desembocan en patios o en túneles abiertos que dan a parar a la parte baja de la ciudad. El interior de sus antiguos edificios, cuya fachada permanece prácticamente intacta, alberga tiendas de souvenirs y de whiskies, algún que otro comercio menos turístico y restaurantes y tabernas.

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Saint Giles’ Cathedral.

Nada más salir del castillo, nos encontramos con The Hub, la antigua Highland Tolbooth St John’s Church, hoy convertida en sede del Fringe Festival, el festival de teatro que todos los veranos llega a la ciudad. Más adelante nos está la Saint Giles’ Cathedral, ubicada en Mercat Cross -una copia de la plaza del siglo XIV donde se reunían los comerciantes y se pronunciaban las proclamas reales-. El nombre real del templo debería ser High Kirk of Edinburgh, pues solo tuvo las características para ser considerada una catedral -ser sede de un obispo- durante un corto periodo del siglo XVII.

En esta misma plaza, una marca indica el emplazamiento del Old Tolbooth, derribado a principios del siglo XIX, donde se reunía el antiguo Parlamento escocés, el Consejo Municipal y la Asamblea General de la Iglesia Reformada. A pocos metros, se sitúa el monumento a Adam Smith, el escocés considerado el padre de la economía moderna.

Ligeramente oculto, ya en la parte de High Street, se encuentra la antigua casa de John Knox -el edificio de viviendas más antiguo de la ciudad, hoy convertido en museo-, desde cuyas ventanas el líder de la Reforma Protestante escocesa vigilaba a María Estuardo en sus idas y venidas al Palacio de Holyroodhouse.

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World’s End pub.

Justo en la acera de enfrente verás el World’s End, el pub más antiguo de la ciudad. Su nombre -el fin del mundo- proviene del hecho de que se construyó en los límites del muro que protegía la ciudad de Edimburgo en el siglo XVI. Más allá de las puertas abiertas en estos muros, solo se podía encontrar el final del mundo.

Ya llegando al palacio, se encuentra la sede actual del Parlamento de Escocia, inaugurada a principios del siglo XXI. Y es que Escocia, a pesar de formar parte de Reino Unido, recuperó su propio Parlamento tras convocar un referéndum a finales de los años 90, en pleno auge del nacionalismo.

Palace of Holyroodhouse

Palacio de Holyroodhouse
Palacio de Holyroodhouse.

Mi visita a Edimburgo estuvo dividida en dos etapas, al comienzo y al final del viaje. Inicialmente, me resistía a la idea de visitar el Palacio de Holyroodhouse: el precio de la entrada me parecía excesivo y no soy de las personas a las que les gusta recorrer las estancias palaciegas, prefiero los castillos en ruinas. Sin embargo, el último día, tan solo unas horas antes de coger el vuelo de vuelta me pregunté: ¿y si me estoy dejando una joya por ver? Y para no arrepentirme, allí me dirigí.

He de decir que no me arrepiento de haber pagado las 15 libras de entrada y que salí encantada por lo que vi, por lo bien organizado que está y por haber visto con mis propios ojos los lugares donde tuvieron lugar algunos de los momentos más importantes de la vida de María Estuardo.

palacio de holyroodhouse
Patio interior del Palacio de Holyroodhouse.

La entrada al palacio incluye también la visita a su abadía, totalmente en ruinas. Aunque 15 libras puede parecer un importe descabellado, me pareció un dinero bien invertido cuando descubrí que, teóricamente, se destina a conservar la Royal Collection, la colección de joyas y obras de arte de la corona británica.

Además, aunque la visita es totalmente libre, nada más llegar te entregan una tablet con unos cascos y según vas pasando por las estancias, te narran los principales hechos que allí tuvieron lugar acompañados de imágenes del pasado, reconstrucciones o acontecimientos actuales. Se podría decir que es una guía interactiva.

Con respecto a los espacios que se visitan, pasas por las grandes salas de recepción de los reyes y sus dormitorios y subes por la misma escalera que usaron los asesinos del secretario privado de María Estuardo, el italiano David Rizzio. De hecho, en otra de las habitaciones hay una placa en su honor justo encima de una zona en la que la moqueta parece desteñida por las supuestas manchas que dejó su sangre.

Abadía de Holyrood
Abadía de Holyrood.

Una vez recorrido el interior del palacio, llegas a la Abadía de Holyrood. La visita es breve pues, como te decía antes, está totalmente en ruinas. Pese a no conservar su tejado ni la estructura interior, la belleza de las ruinas escocesas es mágica.

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Jardines del Palacio de Holyroodhouse.

Por último, te adentras en los enormes jardines palaciegos. Quizá es la parte menos atractiva de la visita pero las imágenes mostradas en la tablet te permiten ver los eventos que allí se celebran hoy en día. Y a lo lejos, puedes divisar el Arthur’s Seat.

Princess Street y sus jardines

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Princess Street.

Si la Royal Mile es una calle detenida en el tiempo, Princess Street es una gran avenida del siglo XXI. Entre ambas no hay más de 10 minutos andando y están separadas tan solo por los Princess Street Gardens, pero no pueden ser más diferentes. Las prisas y el estrés o las grandes cadenas de ropa o tecnología internacionales se han hecho con el poder de esta gigante avenida, que parece formar parte de una ciudad completamente distinta.

Pero también hay lugar para la cultura en Princess Street, pues en ella se encuentra el monumento al escritor Sir Walter Scott, la Scottish National Gallery y la Royal Scottish Academy.

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Princess Street Gardens.

Lo bueno es que cuando el bullicio de esta calle pueda contigo, puedes bajar a los jardines y olvidarte del ritmo frenético de este siglo. Sentarte en uno de sus bancos, contemplar la zona vieja desde abajo y buscar alguna ardilla que estará pendiente de si dejas restos de comida. Además, con suerte, podrás escuchar de fondo el sonido de las gaitas que algún músico callejero esté tocando en los alrededores.

Calton Hill

Calton Hill
Calton Hill.

Pasado el Palacio de Holyroodhouse y subiendo unas cuantas escaleras llegas a Calton Hill, una colina que deja a tus pies la ciudad de Edimburgo. Las vistas compensan el cansancio de llegar hasta ellas y es que a un lado tienes todo Edimburgo, su castillo, las fachadas de colores o la frenética Princess Street, y a otro lado, el Firth of Ford, el estuario o fiordo del río Ford cruzado por los varios puentes que lo cruzan.

No obstante, esta colina no está vacía. Puedes contemplar el National Monument of Scotland, una especie de réplica del Partenón de Atenas o el Dugald Stewart Monument, en honor a este filósofo escocés. También puedes subir a lo alto del Nelson Monument, una torre desde cuya terraza aseguran están las mejores vistas de la ciudad, aunque no creo que sean mucho mejores que las visibles desde el pie de la colina. También puedes visitar el City Observatory (el Observatorio de la Ciudad).

Calton Hill
Vistas de Edimburgo desde Calton Hill.

Si tienes tiempo, hay otra opción para contemplar Edimburgo desde las alturas y es acercarte al Arthur’s Seat. Desde Calton Hill puedes divisarlo en la lejanía. Se trata del pico principal del Holyrood Park, un grupo de colinas situadas a las afueras de la ciudad.

Dean Village

Dean Village
Dean Village.

A menos de media hora andando de Princess Street, llegas a una aldea de cuento, actualmente ya un barrio de la capital escocesa, que te traslada a una ciudad totalmente distinta, en la que no existe ni el bullicio de la zona nueva de Edimburgo ni la oscuridad de la antigua. Dean Village, conocido inicialmente como Water of Leith Village, es un barrio sacado de un cuadro impresionista, con sus preciosas casas bajas rodeadas de árboles y situadas junto a un río cruzado por un hermoso puente.

Basta con pasear por Dean Village para disfrutar de él, pero también puedes visitar la Scottish National Gallery of Modern Art o entrar al cementerio de la zona, también bañado por un atmósfera casi mágica.

Consejos prácticos

¿Dónde alojarse?

Como mi estancia en Edimburgo fue en dos fases, me alojé en dos hoteles completamente diferentes. El primero fue el Hampton by Hilton Edinburgh West End, a unos 20 minutos andando del centro de Edimburgo pero con unas instalaciones increíbles. La habitación era grande y confortable, el desayuno abundante y variado y lo bueno es que si vas con coche, tienen aparcamiento propio o un acuerdo con un parking cercano (ambos son de pago).

El segundo hotel fue el ibis Styles Edinburgh Centre St. Andrew Square. A cinco minutos de Princess Street y, por tanto, a 10 del casco antiguo, y con muchos restaurantes alrededor. Una opción más adecuada si viajas sin coche. Además, justo en esta plaza para el tranvía que te lleva al aeropuerto de Edimburgo.

Al ser un Ibis me esperaba un hotel muy básico. Me he alojado en establecimientos de esta cadena en Francia y normalmente destacan por ser bastante económicos, pero también muy sobrios. Es decir, cubren las necesidades básicas de comodidad y limpieza pero sin grandes lujos. Sin embargo, este Ibis era totalmente diferente: moderno y con un diseño muy urbano, con un trato personal desde que entras por su puerta hasta que recoges la maleta para dejar el alojamiento, y un desayuno muy variado. Desde luego, fue un gran descubrimiento.

¿Dónde comer?

Comer en Edimburgo no es barato. Los precios en el resto de Escocia me resultaron más parecidos a los que puedes encontrar en España, pero la capital es más cara. En la Grassmarket hay varios restaurantes que están abiertos hasta tarde (más allá de las 21.00 horas). La calidad es buena, pero los precios son bastante elevados y no sirven comida escocesa. En nuestra guía recomendaban el francés Petit Paris. La comida estaba rica, pero sí que es cierto que el precio nos pareció algo excesivo, principalmente porque no habíamos viajado a Escocia a comer cocina gala -aunque los platos eran más bien internacionales.

En la parte baja de la Royal Mile, ya cerca del palacio, hay pubs, cafeterías y algún que otro restaurante. Nosotros probamos The Canons’ Gait: los precios estaban bastante bien y además de la carta, tenían varias recomendaciones del día. Lo bueno es que la contundencia de los platos hace que con pedir tan solo uno por persona, tu estómago no pueda ni con un postre.

Más allá de eso, si te alejas un poco del centro encontrarás italianos, hamburgueserías, locales de comida rápida y numerosos pubs escoceses en los que, depende de la hora, también sirven comidas.

Ahora te toca a ti contarme tu lugar favorito de la ciudad. ¿Con qué zona te quedas?

El post no está patrocinado por ningún hotel ni restaurante. Todo son recomendaciones basadas en la prueba y error de mi propia experiencia. 

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