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Humus y ensalada Fatoush.

Un viaje al Líbano suena muy exótico y quizá algo irrealizable por la situación que se vive en la actualidad en toda esa zona. Sin embargo, yo os propongo hacerlo a través de la comida tradicional libanesa en un restaurante madrileño que ha ido creciendo y ya tiene varios locales distribuidos por Madrid: Shukran.

A pesar de las nuevas aperturas distribuidas por la ciudad, yo me quedo con el original, por su ubicación y por su magnifico ambiente, adecuado sobre todo para las noches de primavera y verano: el Shukran de la Casa Árabe, justo en frente del Retiro, con vistas a la Puerta de Alcalá, el corazón de la ciudad.

Además, la Casa Árabe tiene una historia tras de sí. En realidad, se llama así solo desde hace 13 años, anteriormente fue la sede de la sección estadística del Ayuntamiento de Madrid.

No obstante, este edificio fue construido, a finales del siglo XIX, para albergar las Escuelas Aguirre. Este centro educativo, que incorporó novedades como la incorporación de un gimnasio, una biblioteca e incluso un observatorio meteorológico, sirvió como tal hasta 1971 y fue construido gracias a Lucas Aguirre y Juárez, que donó parte de su fortuna al morir para este objetivo.

Hoy, un pequeño espacio del sótano del edificio pero sobre todo el patio que lo rodea está ocupado por Shukran. En verano, su terraza se llena y, en medio de la mitad Alcalá, con los coches circulando a un lado y a otro, te ves abstraído y desplazado a un lugar de ensueño.

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Rakayek y brochetas.

Su carta ha ido variando y cada vez que voy me encuentro algo nuevo. Como entrantes diferencian entre los mezzes fríos y los calientes. De los primeros, mi preferido es el humus, acompañado de pan de pita, por supuesto. Además, de la crema de garbanzos clásica, también tienen especialidades elaboradas con trufas y hace un tiempo, le incorporaban pimiento o un sabor a aceitunas.

Si queréis probar algo diferente os recomiendo el mutabal: una crema de berenjenas asadas a la leña con un sabor muy peculiar. De los mezzes fríos, como amante del queso que ya os he confesado que soy, me quedo con los Rakayek, unos palos crujientes rellenos de queso y acompañados de mermelada de tomate.

En este restaurante, yo siempre opto por compartir. Los sabores son muy fuertes para tomar un plato completo de algo y además merece la pena probar varias especialidades. Si te gusta la musaka puedes optar por probar la libanesa, aunque a diferencia de la griega, esta lleva garbanzos. Otra opción es la pastela de berenjena, aunque yo me quedo con las brochetas, de pollo, kafta (una especie de carne picada) o ternera, que vienen acompañadas de salsa de yogur, verduras a la plancha y hummus o mutabal.

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Dulces libaneses.

Una buena comida en un restaurante de este típico no puede finalizar sin los típicos dulces libaneses, muy parecidos a los marroquíes: pequeños hojaldres con frutos secos y miel. Y si los acompañas de un té verde con hojas de menta, te sentirás en el propio Líbano sin haber dejado atrás la Puerta de Alcalá.

El post no está patrocinado por ningún restaurante. Todo son recomendaciones basadas en la prueba y error de mi propia experiencia.

2 thoughts on “A qué sabe… el Libano: experiencia en Shukran”

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