A poco más de 100 kilómetros de Madrid se encuentran los pueblos negros de Guadalajara, un conjunto de pequeñas localidades prácticamente deshabitadas que florecen con los colores del otoño. Y muy cerca, los pueblos rojos, negros y amarillos de Segovia. Una ruta ideal para hacer en los meses de octubre o noviembre.

¿Cuántos colores tiene el otoño? Muchos están deseando que llegue la primavera para escaparse al campo, pero el paisaje de los meses de octubre y noviembre es incluso más maravilloso que el de los árboles en flor.

Los que vivimos en las grandes ciudades estamos acostumbrados a ver cómo los pocos árboles que quedan, pierden sus hojas y el suelo ser torna de un color amarillo. ¿Pero sabías que el otoño es también marrón y rojo? Una ruta por los pueblos negros de Guadalajara, la sierra que une esta provincia con Segovia así como por sus pueblos rojos, negros y amarillos te permitirá descubrirlos.

Los pueblos negros de Guadalajara

Llamados así por el color de sus construcciones, realizadas con pizarra y piedras oscuras, este conjunto de pequeños pueblos prácticamente deshabitados se encuentran a poco más de 100 kilómetros de Madrid. Entre ellos hay muy poca distancia en kilómetros, pero no la subestimes, porque las carreteras estrechas y llenas de curvas ralentizan la conducción.

Para recorrerlos, opté por dividir, como ya había leído en otros blogs, la visita en dos rutas de dos días: en otoño, el sol se pone a las seis de la tarde y teniendo en cuenta el estado de las carreteras, además del hecho de que merece la pena verlos con la luz del sol, hace imposible visitar nada a partir de esa hora.

La primera ruta comprende los pueblos más conocidos: Campillejo, El Espinar, Campillo de Ranas, Roblelacasa y Majaelrayo. De todos ellos, los tres primeros son los más bonitos. Campillejo y el Espinar tienen un encanto especial: son muy pequeños y no verás prácticamente a nadie por sus calles. Además, lo maravilloso del paisaje es que los tejados negros contrastan con los árboles de los jardines de las viviendas que, perfectamente cuidados, combinan el verde, el amarillo, el rojo y el marrón.

Pueblos negros de Guadalajara
Casas de El Espinar (Guadalajara).

Campillo de Ranas es bastante más grande y si llegas a la hora de la comida, encontrarás unos cuantos visitantes. Además de las tradicionales casas, en este pueblo destaca la plaza de la Iglesia y la Torre del Reloj Solar.

Pueblos negros de Guadalajara
Viviendas de pizarra en Campillo de Ranas (Guadalajara).

La segunda ruta es para disfrutar de la naturaleza, así que resérvala para un día sin lluvia. Lo ideal es visitar en primer lugar el Hayedo de la Tejera Negra. Para poder llegar en coche al corazón del parque, es necesario reservar con antelación (sobre todo si vas en temporada alta, es decir, en otoño). De esta forma, puedes hacer la ruta circular de seis kilómetros. Sin embargo, si no consigues entrar con el coche a la reserva –como me pasó a mí-, tendrás por delante un paseo de 16 kilómetros.

Pueblos negros de Guadalajara
Paseo por los alrededores del Hayedo de la Tejera Negra (Guadalajara).

Si no te sientes preparado para ello –fue mi caso-, puedes dejar el coche en el aparcamiento superior o continuar hacia la izquierda, hasta otro aparcamiento situado en una zona de picnic, y pasear junto al río. Los colores no son tan impresionantes, pero el paisaje es muy bonito.

Pueblos negros de Guadalajara
Plaza de Valverde de los Arroyos (Guadalajara).

A continuación puedes bajar a Valverde de los Arroyos. Este pueblo es bastante pequeño pero tiene mucho turismo. Lo ideal es dar un paseo hasta la Chorrera de Despeñalagua: dos kilómetros, alrededor de 40 minutos. No es un camino complicado, pero tampoco sencillo: encontrarás charcos y algunas rocas.

Pueblos negros de Guadalajara
Chorrera de Despeñalagua.

Si aún tienes tiempo, acércate a Umbralejo. Este pueblo estuvo totalmente abandonado desde 1971. Sin embargo, a partir de 1984, los ministerios de Educación, Agricultura y Obras Públicas pusieron en marcha el Plan Experimental de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados –también en Granadilla (Cáceres) y Búbal (Huesca)- que ha hecho que jóvenes de distintas edades acudan a realizar actividades de conservación y a acercarse al medio ambiente –una servidora participó en este programa en Granadilla y fue una gran experiencia.

Pueblos negros de Guadalajara
Viviendas abandonadas de Umbralejo (Guadalajara).

Los pueblos rojos, negros y amarillos de Segovia

Algo menos conocidos, pero no por ello menos bonitos. Para llegar a ellos, elegimos una ruta que nos encantó (aunque si las condiciones climatológicas no son buenas o es de noche, no te la recomiendo).

Pueblos negros de Guadalajara
Macizo del Pico del Lobo-Cebollera.

Terminada la visita a Majaelrayo, tomamos una carretera que nos llevó por pleno bosque, subiendo al Macizo del Pico del Lobo-Cebollera –donde vimos nieve- hasta Riaza. Bastante más grande que los pueblos que lo rodean, Riaza también merece una visita para conocer sobre todo su Plaza Mayor.

Pueblos negros de Guadalajara
Plaza Mayor de Riaza.

Desde allí continuamos a Ayllón, un pueblo rojo también de tamaño considerable (para calificarlos como grandes o pequeños, empezamos a ver cuántos restaurantes o bares tenían). Además de dar un paseo por sus calles, te recomiendo subir a los Paredones, los restos de la muralla de la época árabe, desde donde hay una bonita vista del pueblo. Aquí se encuentra también la Torre de la Martina y las ruinas de la Iglesia de San Martín. Después puedes bajar y acercarte a la Iglesia Románica de San Juan o el Antiguo Convento de las Concepcionistas.

Pueblos negros de Guadalajara
Vistas de Ayllón (Segovia) desde los Paredones.

En la propia Plaza Mayor está la Iglesia románica de San Miguel, donde hoy se encuentra la oficina de turismo, y a pocos pasos, la Iglesia de Santa María la Mayor. Tampoco te puedes perder (si no lo has visto al llegar con el coche), el Arco, la única puerta de entrada al pueblo que se conserva de la época medieval.

Si ese mismo día tienes tiempo, o en nueva jornada, es momento de acercarte a conocer los alrededores. Lo primero que nosotros hicimos fue subir a Maderuelo. Además de la belleza de las calles de este pueblo ubicado en lo alto de un cerro, mientras llegas verás unas manchas en las montañas: son los buitres del Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega perteneciente a la Reserva del Parque Natural de las Hoces del río Riaza.

Pueblos negros de Guadalajara
Vistas desde Maderuelo de la Reserva del Parque Natural de las Hoces del río Riaza.

Después, nos dirigimos al Yacimiento Arqueológico de Tiermes, con restos de calles, grandes viviendas y mercados de la época romana. A pocos minutos se encuentra también el Museo Monográfico de Tiermes, para conocer en profundidad lo que fue esta ciudad hace varios siglos.

Pueblos negros de Guadalajara
Yacimiento Arqueológico de Tiermes.

A partir de aquí, comienza la ruta por los pequeños pueblos. Hay varios, pero unos merecen la pena más que otros, sobre todo si no tienes demasiado tiempo. Te recomiendo una parada en Madriguera. Su color rojo se debe a las arenas arcillosas y a las piedras rojas utilizadas para los edificios.

Pueblos negros de Guadalajara
Calles de Madriguera (Segovia).

Muy cerca se encuentra El Muyo. Para llegar a él hay que entrar por una estrecha carretera rodeada de árboles que crea un paisaje idílico. El Muyo es un pueblo negro que puede parecer más feo a primera vista que los de Guadalajara porque está muy dejado y muchas de las casas están derruidas, pero este abandono también crea un ambiente muy especial.

Pueblos negros de Guadalajara
Callejuelas de El Muyo (Segovia).

Nuestra última parada antes de dirigirnos de vuelta a Madrid fue en el pueblo amarillo Martín Muñoz de Ayllón, también rodeado de un entorno natural increíble. Sus calles han sido teñidas de amarillo para dar fuerza a esta tonalidad que predomina en las fachadas de sus casas debido al uso de la cuarcita (combinada también con la pizarra y las arenas arcillosas).

Pueblos negros de Guadalajara
Calles de Martín Muñoz de Ayllón (Segovia).

¿Dónde dormir?

Según el pueblo, hay uno o dos alojamientos, pero con pocas habitaciones, por lo que te recomiendo que reserves con antelación (además, los precios suben como la espuma). En la zona de Guadalajara, dormimos en Arroyo de las Fraguas, en el Hotel Restaurante Alto Rey. En el pueblo viven menos de 30 personas, por lo que la desconexión está asegurada. La relación calidad-precio es muy buena y su ubicación hace que esté más o menos ubicado entre las dos rutas de Guadalajara.

En Segovia, optamos por alojarnos en Ayllón, en el Hotel Rural El Adarve, una preciosa y acogedora casa con bastantes habitaciones a un minuto de la Plaza Mayor.

¿Dónde comer?

Si vas en fin de semana, te recomiendo reservar porque hay muy pocos restaurantes y bastante turismo. La primera comida nos pilló en Valverde de los Arroyos y comimos en Los Cantos, un restaurante con un bonito salón cuyo techo tiene la estructura de madera vista. Existe la posibilidad de encargar cabrito, pero nosotros optamos por platos “más sencillos” como el chuletón o el solomillo y estaban deliciosos. Por no hablar de sus postres. Eso sí, las raciones son para darse una buena caminata o echarse a dormir una siesta.

En Ayllón, la dueña del hotel nos recomendó probar El Parral: una gran elección tanto si quieres tapear como si prefieres tomar un plato principal. Te recomiendo el tomate con mousse de ventresca y salmorejo de albahaca: sin palabras.

Por último, en Madriguera comimos en La Pizarrera, un restaurante de decoración muy moderno y con una comida muy buena a partir de productos de su propia huerta. Si os gustan los postres, te recomiendo una especie de crema de turrón de jijona con trozos de helado de nata.

El post no está patrocinado por ningún hotel ni restaurante. Todo son recomendaciones basadas en la prueba y error de mi propia experiencia. 

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