Tres torres vigilan a todos los turistas de Gante y protegen a la pequeña ciudad belga: la catedral de San Bavón (Sint Baafskathedraal), el Belfort (o campanario en neerlandés) y la Iglesia de San Nicolás. Las dos primeras cercan su plaza principal, la plaza Sint-Baafsplein, donde comienza toda visita a la ciudad, mientras que la perfecta panorámica de la triada se logra desde el famoso puente Grasbrug.

Gante torres
Vistas desde el puente Grasbrug.

Además de vigilar Gante, estas torres guardan tesoros en su interior. La imponente catedral de San Bavón alberga el tríptico La adoración del Cordero Místico, de los hermanos Van Eyck. Aunque la entrada a la catedral es totalmente gratuita, hay que pagar por acceder a la capilla en la que se encuentra la pintura. También se puede ver gratuitamente una copia del original en otra de las capillas.

La catedral cuenta también con otra obra peculiar, el esqueleto de un rorcual (similar a una ballena) colgando del techo. Este animal, al que se ha llamado Leo, apareció en 2015 ya muerto en el puerto de Gante y fue recogido por los bomberos, que lo entregaron a la universidad de la ciudad.

El Belfort, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, también merece una visita. Se sube en ascensor, aunque hay algunos tramos obligados con escaleras. Está coronado por una veleta con forma de dragón, símbolo de la ciudad. No obstante, esta figura data de 1980, y los dos anteriores se guardan en el interior de la torre. En ella también hay una exposición de las antiguas campanas de la torre y de su carillón. Además de las increíbles vistas de la ciudad que conseguirás si subes al campanario, si tienes suerte y lo haces a la hora adecuada, presenciarás un bonito concierto.

Gante torres
Vistas desde el Belfort.

Además de estas tres grandes torres, Gante presume de ser la hermana pequeña de Brujas por sus canales y es que, aunque la ciudad no haya quedado detenida en el tiempo, el paso del río crea preciosos rincones. Por ello, un crucero en barco (duran alrededor de media hora) es una actividad obligatoria. Así podrás respirar tranquilo durante un rato y olvidarte de vigilar todas las bicicletas que circulan a tu alrededor.

Gante torres
Canales de Gante.

El barrio Patershol es uno de los más fotogénicos de la ciudad. Las casas que en su día albergaron a los mercaderes de cuero y a los padres Carmelitas han conservado sus antiguas y trabajadas fachadas y se han convertido hoy en peculiares tiendas, bares y restaurantes. Patershol es un barrio casi medieval, de calles empedradas y callejones oscuros, que ha renacido en los últimos tiempos.

Gante torres
Barrio Patershol.

No puedes olvidar tampoco acercarte a su castillo de piedra, el Gravensteen, bañado por los canales. Frente a él se encuentra una plaza peculiar, la plaza Sint-Veerleplein, donde está también la oficina de información turística. Sus farolas emiten unos destellos cada vez que un nuevo niño nace en el hospital de maternidad de Gante.

Gante torres
Castillo de Gravensteen.

Por último, la modernidad ha llegado a Gante a través de los grafitis. Si en Bruselas cada esquina tiene un mural pintado en la pared, Gante cuenta con un callejón cubierto de pinturas callejeras, la Werregarenstraat. No se puede decir que sea una obra bonita, pero sí peculiar, sobre todo por el hecho de que la ciudad haya decidido conservarla.

Gante torres
Werregarenstraat.

Y la visita no puede terminar sin probar alguna especialidad de la zona. Además de los gofres, las patatas fritas o las cervezas, no puedes marcharte sin catar el neuzeke o cuberdon, también llamado nariz de Gante: una especia de caramelo con forma de cono y que tradicionalmente sabe a frambuesa.

Gante torres
Puesto de Cuberdon.

One thought on “Gante, la ciudad de las tres torres”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *