Cuando salgo de viaje, no pienso en si voy a caer enferma o tendré algún accidente mientras esté en el extranjero. Tampoco me planteo si tendré que regresar antes de tiempo por una urgencia familiar o tendré que cancelar el viaje debido a un imprevisto de última hora. Soy de las que no contrata seguros de cancelación y, como solo he viajado por Europa, confío en la atención de la tarjeta sanitaria europea.

Sin embargo, cuando empiezas a cruzar las fronteras comunitarias la cosa se complica e incluso en un país de la UE, puede que el percance te salga más caro de lo esperado. Hasta ahora, y cruzo los dedos, los problemas que me han surgido durante mis viajes han sido bastante pequeños y se han solucionado fácilmente al ocurrir en países cercanos, pero el resultado podría haber sido otro de estar, por ejemplo, al otro lado del Atlántico.

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Una mala pisada

Al quinto día de un viaje de casi dos semanas por Portugal, me tropiezo en unas escaleras, me caigo y siento un dolor tremendo en la rodilla. En un primer instante, pienso que me he roto algo, pero el dolor cede y comienzo a andar con solo unas molestias en el gemelo. Decido, no obstante, irme a descansar un rato y cuando me despierto de la siesta no soy capaz de mover la rodilla, que está ya muy hinchada. Espero al día siguiente a ver si se soluciona con un poco de hielo pero con la mitad del viaje aún por delante, decido ir a Urgencias. Los hospitales de Lisboa son muy parecidos a los españoles y a excepción de algún problema para entenderme con las enfermeras, consigo que me hagan una radiografía y el médico descarte cualquier lesión mayor. Pero, ¿qué hubiera pasado en EE UU? ¿Cuánto hubiese tenido que pagar por esta atención en un país sin sanidad pública? Y en el caso de que hubiera tenido que regresar a España porque tenían que operarme, ¿hubiese perdido todo el dinero de las reservas de los alojamientos?

Sin maletas

Llego a Barajas después de un regreso complicado a Madrid desde Copenhague en el que me han cancelado un vuelo, he tenido que pasar una noche más en un hotel que me proporciona la compañía aérea y volar con escala en Roma. Tras un rato esperando las maletas no aparecen en la cinta de equipaje. Pongo la correspondiente queja y, más de una semana después, llegan. Pero ¿y si no hubieran aparecido?

Equipaje dañado

Aterrizo en Londres para hacer una escala. El vuelo se retrasa y cuando llego a mi destino, el equipaje no aparece. Varios días después (con el consiguiente gasto en ropa que esto supone) llega la maleta, pero no en las mejores condiciones: mojada, el agua ha llegado dentro y dañado los aparatos electrónicos que en ella llevaba. Tras presentar las facturas de lo comprado y de los dispositivos que guardaba en ella, me ingresan una cantidad aceptable. Pero no todas las veces las compañas lo ponen tan fácil.

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Retraso en el vuelo

Regreso de un viaje de cuatro días en Marrakech. La aerolínea me comunica por la mañana que el vuelo se retrasa y que acuda más tarde al aeropuerto. Tras un segundo mensaje confuso y presentarme a la segunda hora indicada, el vuelo vuelve a retrasarse en varias ocasiones. Eran más de las 11 de la noche y ya no pensaba que fuéramos a volar esa noche pero, finalmente, llegamos a Madrid con más de dos horas de retraso. La aerolínea nos da vales para la cena y nos ingresa el dinero marcado legalmente para este tipo de situaciones, pero no siempre se tiene tanta suerte.

Contrato por sorpresa

Mes de enero. Decido contratar un viaje de una semana para mayo, con vuelos, hotel y alquiler de coche incluido. 600 euros por persona. Un mes después, recibo la noticia de que empiezo a trabajar en una nueva empresa. Mi jefe entiende la situación y decide darme permiso para realizar ese viaje a pesar de llevar poco más de dos meses en la empresa y no tener aún derecho a disfrutar de las vacaciones. De no haber sido así, habría perdido gran parte de lo pagado por las reservas.

Estas son solo cinco situaciones que yo o alguna persona muy cercana ha vivido en uno de sus viajes. En todas ellas, el problema se solucionó sin mayores complicaciones. Pero también me vienen a la memoria otras historias que no tuvieron un final feliz. Por ello, he decidido que ya es hora de dejar de tentar a la suerte y a añadir a mi maleta, un seguro de viaje. Confío en no tener que usarlo nunca pero, por si acaso, he decidido confiar en el seguro médico de viaje de Intermundial. Cuentan con nueve modalidades distintas de seguros que se adaptan a las necesidades de cada ocasión e incluyen, según el precio, mayores o menores coberturas para equipajes, gastos médicos, de cancelación e incluso protección para tus mascotas. Y si tú también te animas a contratarlo, puedes disfrutar del descuento del 10% que te ofrece Palabras de Viaje.

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