Para qué engañarnos, la comida es uno de los elementos principales de todo viaje. Y una ciudad en la que no puedas disfrutar de unos increíbles productos típicos, no deja tan buen sabor de boca. Durante todo 2018, León es la Capital Española de la Gastronomía, una magnifica excusa para escaparse a esta ciudad del norte de España y degustar su cezina. Pero entre comida y comida, puedes aprovechar para hacer algo de turismo por su centro histórico.

Pensarás que la catedral es lo único interesante que puede ofrecerte esta ciudad castellanoleonesa, pero te aseguro que hay otras muchas cosas.

La Pulchra leonina

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Catedral de León.

La catedral de León se merece con creces su fama. Una primera mirada desde la plaza de la regla deja sin aliento, con sus dos torres laterales de casi 70 metros de altura. Y una segunda te descubre los tres niveles de vidrieras que componen este este edificio de cristal y que lo convierten en el mejor conjunto de vidriería medieval de España y uno de los mejores de Europa. Sin embargo, el secreto de esta joya solo se percibe desde dentro, una vez que la luz exterior (mejor si no es un día excesivamente soleado) atraviesa las coloridas vidrieras y se proyecta sobre columnas y suelos. No obstante, este efecto no sería tan maravilloso si en los últimos años no se hubiese iniciado un proceso de restauración y limpieza de estas obras de arte que incluye la instalación de una especie de cámaras protectoras para que no vuelvan a deteriorarse en un futuro.

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Catedral de León.

La catedral de estilo gótico francés data del siglo XIII y fue levantada sobre las ruinas de unos antiguos baños romanos. En 1864, la también llamada Pulchra leonina o bella leonesa, fue la primera construcción en ser declarada monumento nacional en España.

Real Colegiata de San Isidoro

A pocos minutos andando de la Pulchra, se encuentra la Real Colegiata de San Isidoro, refugio de los restos de los monarcas leoneses y del Santo Grial (o al menos, uno de los que circula por el mundo).

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Real Colegiata de San Isidoro.

Antes de la llegada de los musulmanes a la península, se construyó una iglesia en esta zona, sobre los restos de un templo romano dedicado al dios Mercurio, y un monasterio en el que se guardaban las reliquias de San Pelayo. Los edificios quedaron prácticamente destruidos tras la invasión y fue en la época de la Reconquista cuando se reconstruyeron y se tomó la decisión de convertir la iglesia en panteón real, llevando allí los restos de todos los monarcas leoneses ya fallecidos y albergados en otras zonas de la provincia. Hoy, el Panteón Real es considerado la Capilla Sixtina del Románico por las maravillosas pinturas que exhiben sus paredes y el perfecto estado en el que se conservan.

A continuación, da un paseo por el maravilloso claustro y encuentra la sala que guarda un gallo y una campana. Te preguntarás qué importancia tienen. Pues mucha. La campana es la más antigua de España (fue fundida en 1086) y dicen que sonó en la boda del Cid Campeador. Y han tenido que quitarle el badajo para evitar la tentación de todo el que pasa de tocarla. El gallo solía ser la veleta que coronaba la torre del templo desde el siglo XI hasta que hace unos años fue sustituido por una copia para garantizar su perfecta conservación.

Este conjunto artístico cuenta con otros dos lugares que no te puedes perder, la biblioteca y el museo. La biblioteca colegial fue construida en el siglo XVI y conserva impresionantes reliquias: códices y biblias de tamaño descomunal o miniaturas imposibles de leer más que con una lupa. Aunque es imposible resistirse a contemplar cada uno de los libros y su estado de conservación, a pesar de datar incluso del siglo XI, no puedes olvidarte de mirar al techo para contemplar la cúpula. No te decepcionará.

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Biblioteca de la Real Colegiata de San Isidoro.

Y antes de dejar San Isidoro, es el momento de entrar a la Sala del Caliz y descubrir el Santo Grial o, al menos, el que guarda León: dos cuencos de ágata unidos y recubiertos de oro, filigrana y piedras preciosas. Doña Urraca, hija de Fernando I, rey de León, recibió dichos cuencos como regalo y encargó a los orfebres que los adornaran. Unos estudios publicados recientemente aseguran que esta copa sería la que habría usado Jesucristo en la Última Cena y que doña Urraca habría querido, con estos adornos, esconder la verdadera joya que poseía.

La hospedería de la Colegiata hoy es un hotel en el que todo el que quiera, y pueda permitírselo, puede alojarse, para rodearse de la historia incluso en sueños. También cuenta con un restaurante, por si los ahorros no son suficientes.

Casa Botines

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Casa Botines.

Antonio Gaudí solo realizó tres obras fuera de Cataluña y dos de ellas están en León. La capital tiene el honor de alojar la Casa Botines, construido a finales del siglo XIX, durante la etapa neogótica del artista. Gaudí llega a León con el encargo de construir una casa de viviendas que en su planta baja albergase la tienda y almacén de tejidos de los comerciantes Simón Fernández Fernández y Mariano Andrés González Luna, representantes en León del Banco Hispano-Colonial de Barcelona. En este edificio vivieron leoneses hasta hace poco más de 20 años y en 2017, fue inaugurado el museo en que hoy se ha convertido.

En la misma plaza que la Casa Botines, se encuentra este impresionante palacio renacentista, que hoy es la sede de la Diputación Provincial de León.

La Muralla y el León Romano

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Muralla de León.

El origen del nombre de esta provincia se remonta hasta la época de los romanos y vendría de la palabra legio, en referencia a la Legio VII Gemina, legión romana asentada en la ciudad desde los años 15-10 aC hasta el 70 dC y responsable de la construcción de algunos de los fragmentos de murallas que aún hoy protegen el casco histórico. A raíz de este pasado, la ciudad ha creado una ruta por el León romano en la que se pueden observar, entre otras cosas, la muralla antes mencionada (muralla altoimperial), que se puede observar junto a la Colegiata, o la tardorromana, construida a finales del siglo III o principios del IV y que se conoce como la “muralla de los cubos”.

Esta ruta, organizada por el Ayuntamiento, también puede hacerse por libre siguiendo las huellas de bronce en forma de chancla se han impreso en el suelo y que buscan reflejas las cáligas o el calzado que vestían los romanos.

Barrio húmedo

Para poner fin a una jornada por León, lo mejor es adentrarse en el Barrio húmedo, centro gastronómico durante el día y de copas por la noche. ¿Y qué degustar en una ciudad como esta? Cezina, sin duda.

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