Durante más de un millón de años, las aguas del arroyo de Valporquero han creado miles de formas que han quedado escondidas en esta cueva de la provincia de León.

¿Qué es el silencio? ¿Y la oscuridad? Hoy en día es difícil disfrutar de cualquiera de estas dos experiencias en las grandes ciudades en las que vivimos. Imagina entrar a una cueva en la que solo percibas el sonido de la tierra, de la vida, de la naturaleza. Y que sean estos ruidos tu única guía ya que es la oscuridad absoluta la que te rodea.

Cueva de Valporquero
Nivel superior de la Cueva de Valporquero.

Esta experiencia, que puedes vivir en la Cueva de Valporquero, solo durará unos segundos, pero la sensación de sentirte una criatura minúscula en un gigante planeta en ebullición te impactará. En esta cavidad de la provincia de León no solo la oscuridad tiene un tamaño descomunal. La cueva, formada hace más de un millón de años, tiene una longitud de tres kilómetros (solo uno se puede recorrer) y a pesar de encontrarte bajo tierra, es imposible considerar la palabra claustrofobia. A diferencia de otras cuevas, en las salas de Valporquero se podrían construir varias viviendas de dimensiones considerables.

Cueva de Valporquero
Exterior de la Cueva de Valporquero.

Situada a poco más de 40 kilómetros al norte de León, en el municipio de Vegacervera, hay visitas guiadas (la única forma de acceder) todos los días de la semana, con una duración de entre una hora y hora y media, según el número de salas que se visiten. El recorrido largo te lleva por las siete salas, cada una con sus nombres: Pequeñas Maravillas, la Gran Rotonda, Hadas, Cementerio Estalactítico, Gran Vía, Columna Solitaria y Maravillas.

Cueva de Valporquero
Lago de las Pequeñas maravillas.

La belleza de la cueva no se esconde solo en el tamaño de sus salas o la altura de sus techos, sino en las formas que las aguas del arroyo de Valporquero han ido tejiendo a lo largo de este millón de años. La cueva está formada por tres niveles, el inferior o curso de aguas, solo accesible en visitas espeleológicas.

En el medio y el superior, los techos, los suelos y las paredes están plagados de estalactitas, estalagmitas, coladas y columnas de diversas formas y tamaños. El paseo por el nivel inferior es más cómodo, con amplios caminos totalmente adaptados y ambientado por el fuerte sonido de las aguas al circular, sobre todo si acudes en primavera u otoño. El acceso al superior es más complicado, aunque accesible para cualquiera que pueda subir unas escaleras. Sin embargo, los pasillos son más estrechos (siempre con techos altos que impiden la claustrofobia). En esta zona, el silencio es absoluto y con los ojos bien cerrados o todas las luces ambientales apagadas, es posible escuchar el sonido de las gotas al caer.

Cueva de Valporquero
Sala Maravillas.

Los más creativos podrán descubrir formas en las estalactitas y estalagmitas: una virgen, un órgano o la torre Pisa. Y los más observadores, encontrar a alguno de los murciélagos que se esconden en los altos techos, mientras que otros solo verán pequeñas manchas negras, que no sabrán distinguir de las sombras generadas por las formaciones de la roca.

Cueva de Valporquero
Interior Cueva de Valporquero.

Además, desde hace varios años, la empresa Guheko ha puesto en marchas actividades de turismo activo en la cueva y sus alrededores. Si eres aventurero, puedes descender por el río de la cueva. No es necesario tener experiencia previa ni haber realizado ningún tipo de formación. Tan solo, contar con una forma física adecuada.

Esta misma empresa gestiona también el restaurante Las Rocas, situado en Vegacervera. El local, con una decoración que mezcla lo tradicional y lo moderno y en cuyas paredes se exponen fotografías de expediciones a la propia cueva, sirve las grandes especialidades de la región: cecina de vaca y de chivo, judiones de La Bañeza o queso de Mosto. La forma perfecta de terminar una jornada muy leonesa con un buen sabor de boca.

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