Te propongo un viaje de 10 días en el que conocer las dos principales ciudades portuguesas (Lisboa y Oporto), pero también los preciosos pueblos y paisajes que puedes encontrar entre ellas.

Portugal se puede dividir en tres grandes zonas. El sur y las playas del Algarve. El centro, con Lisboa y sus alrededores. Y el norte, presidido por Oporto. Te propongo una ruta de 10 días en coche que te permita conocer las dos ciudades principales lusas y los pueblos que las rodean. Yo me quedé prendada del país y estoy deseando volver a pisar sus empinadas calles empedradas.

Día 1 a 4: Lisboa

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Vistas de Lisboa desde el Castillo de San Jorge.

Entre tres y cuatro días son suficientes para conocer la ciudad de Lisboa. El primero se lo puedes dedicar a dar un paseo por el Barrio Alto y la Baixa. El segundo puedes acercarte a conocer el Castillo de San Jorge y pasear por la Alfama. Prácticamente un día lo pasarás en el barrio de Belém y para el cuarto, seguro que te has quedado con ganas de repetir algunos de los paseos anteriores.

Día 5: de Lisboa a Sintra y Cascais

Lo mejor es tomar como base para dormir Lisboa y salir a primera hora con destino a Sintra. Si prefieres dejar el coche en la capital, puedes tomar un tren que te deja en el centro de Sintra, aunque luego tendrás que coger un autobús para subir a la zona de los castillos. Hay varios que visitar, pero los más importantes son el Palacio da Pena (con su fachada de colores que parece de cuento de hadas) y el Castelo dos Mouros (en el que te sientes como un soldado en defensa de su fuerte).

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Palacio da Pena (Sintra).

Tras visitar ambos castillos, comienza el viaje en dirección a Cascais, pero por el camino puedes realizar tres paradas: el Cabo da Roca (el punto más occidental de la Europa continental), la Praia do Guincho (una playa de dunas frecuentada por los surfistas) y la Boca do Inferno (una cueva por la que se oye rugir enfurecido al demonio).

Lo mejor es llegar a Cascais para la hora de la comida. Esta ciudad no tiene un atractivo especial, pero muchos lisboetas pasan allí las jornadas de playa, por lo que hay una gran oferta oferta de bares y restaurantes.

Día 6: el sur de Lisboa

Puedes dedicar un día entero o solo una tarde, según el tiempo con el que cuentes. Saliendo de Lisboa en coche, la primera parada será a Sesimbra, una ciudad de playas y frondosa vegetación. Después continúa hasta Cabo Espichel, una zona que me maravilló por la gama de colores tierra que contrastan con el intenso azul del mar.

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Cabo Espichel.

De regreso a Lisboa, puedes hacer una parada en Cacilhas (una localidad que parece habitada por gatos) y Cais do Sodré, para contemplar la capital desde el otro lado del río Tajo.

Día 7: Lisboa-Oporto

Entre las dos principales ciudades de Portugal hay menos de tres horas en coche, pero por el camino hay un gran número de lugares en los que merece la pena parar. El primero de ellos es Óbidos, un pequeño pueblo que parece sacado de una película medieval. Las dos siguientes paradas que yo hice fueron para ver dos monasterios, el de Alcobaça (la primera obra gótica construida en territorio portugués y considerada una de las siete maravillas del país) y el de Batalha (cargado de frontones, chapiteles, pináculos y contrafuertes).

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Monasterio de Batalha.

La siguiente parada, Coímbra, es el lugar ideal para comer. Esta ciudad llegó a ser capital del país y hoy es el centro universitario. Antes de llegar al destino, Oporto, puedes dar un paseo por Aveiro, una ciudad bañada por sus canales y que es considerada la Venecia lusa.

Día 8-9: Oporto

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Vistas de Oporto desde el Puente de Luis I.

Comparada con Lisboa, Oporto es una ciudad bastante pequeña. Su casco histórico puede recorrerse en menos de una mañana, en la que también puedes aprovechar para conocer los Jardines del Palacio de Cristal. Esa tarde, puedes pasear por el barrio de Ribeira, a la orilla del Duero, donde se encuentran todos los bares y restaurantes, y cruzar el Puente de Luis I. Si te gustan los vinos, muchas bodegas organizan visitas con cata incluida.

La segunda jornada (con dos es suficiente para conocer Oporto), puedes coger un autobús o el metro hasta Matosinhos, sobre todo si es verano, para tomar el sol en sus playas y disfrutar de un buen arroz caldoso y algo de marisco a un precio increíblemente barato en los restaurantes del puerto. Por la tarde, al atardecer, te recomiendo que te acerques a la desembocadura del río para contemplar los preciosos colores de la puesta del sol en el mar bravío.

Día 10: Braga y Guimaraes

Guimaraes es una localidad bastante pequeña pero de gran importancia para la historia de Portugal pues en ella nació el primer rey del país, Alfonso Henríquez. Por ello, además de pasear por su casco histórico, hay dos visitas fundamentales, ubicadas en la Colina Sagrada: el Palacio de los Duques de Braganza (residencia de la cuarta dinastía real portuguesa) y el Castelo de Sao Manede (donde fue bautizado Henríquez).

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Santuario de Bom Jesus do Monte.

Braga no es de las ciudades más bonitas de Portugal (al menos a mí no me lo pareció), pero a pocos kilómetros se encuentra el Santuario de Bom Jesus do Monte, ubicado en lo alto de una montaña. Para llegar hay que subir unas empinadas escaleras, aunque hoy en día es posible subir en coche o utilizando el tren cremallera.

Día 11: de Oporto a Galicia

En este punto, puedes optar por regresar ya a España o continuar conociendo algunos lugares de Portugal. En mí caso, como el viaje continuaba hasta Santiago de Compostela, aproveché el recorrido para parar en tres pueblos más. El primero de ellos fue Viana do Castelo, donde quedé maravillada de los paisajes que puede crear la niebla en las zonas cercanas al mar. Viana do Castelo es conocido por ser uno de los pueblos más bonitos de Portugal, aunque carece de grandes monumentos a excepción del Santuario de Santa Luzia, ubicado, al igual que en el caso de Bom Jesus, en lo alto de una montaña.

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Vistas de Viana do Castelo y el Monte de Santa Luzia.

La siguiente parada que hice fue en Valença do Minho, una ciudad amurallada lindando con España cuya única frontera es el propio río Miño. Hace unos años, eran muchos los españoles que viajaban aquí para comprar sábanas y toallas mucho más baratas, pero hoy en día, aunque sus calles están llenas de pequeños comercios de este tipo, el ambiente no es el mismo.

Por último, aunque ya sea parte de España, puedes atravesar el Miño y recorrer las calles de Tui, un pequeño pueblo que sirve de parada para muchos peregrinos que hacen el Camino de Santiago.

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