Antes de adentrarse en los caóticos zocos, conviene visitar tres de los monumentos situados en la parte más externa de la Medina.

Marrakech monumentos
Mezquita Koutoubia.

El sol aún está saliendo en la ciudad de Marrakech, pero la llamada al rezo del amanecer te desvela. Es pronto para recorrer las calles de la ciudad roja, pero quizá no lo es para salir y descubrir desde alguna terraza los colores de la salida de sol que aparece inesperadamente tras los edificios de una ciudad de una sola altura.

Tras un buen desayuno con un zumo de naranja natural, un té verde y un crepe típico marroquí (los hay más esponjosos, llamados baghir y otros parecidos a los franceses pero más densos, msemen), es hora de coger la mochila cargada con una buena botella de agua y poner rumbo a un nuevo mundo. Marrakech es una ciudad completamente distinta a las que estamos acostumbrados en Occidente. Frente a los coches, predominan las motos (antiguas vespas que se parecen más a una bicicleta y que la mayor parte de los ciudadanos conducen sin casco); en vez de usar camiones o furgonetas para trasladar los materiales de obra o incluso los productos que se venden en las tiendas, optan por carros o vehículos tirados por burros; las calles no destacan por su limpieza, aunque podrían estar mucho peor y es que los cientos de gatos que deambulan por ellas se aseguran de aprovechar todos los restos de alimentos. Marrakech huele a contaminación (sobre todo si una moto acaba de adelantarte), pero también a especias, a carne, a pescado y a hierbas aromáticas.

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Mezquita Koutoubia.

Antes de entrar a la caótica plaza Jamaa el Fna o al ajetreado zoco, es preferible optar por los lugares más emblemáticos de los alrededores, pero ya ubicados en el interior de la Medina. Hablo de la Koutoubia, las tumbas saadíes y el Palacio de la Bahia.

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La Koutoubia es la mezquita más importante de Marrakech. El  califa almohade Abd al Mu-min comenzó a construirla en 1141, unos años antes que la Giralda de Sevilla y si has estado en la ciudad andaluza, notarás el parecido entre ambas. Estés en el punto que estéis de Marrakech, verás el minarete de esta mezquita: el edificio alcanza los 69 metros de alto y en una ciudad en la que las viviendas son de una o dos plantas, no deja indiferente. En Marruecos, los no musulmanes tienen prohibido el acceso a los lugares de culto, por lo que no podrás acceder al interior de la mezquita, cuyo nombre significa mezquita de los libreros. Y es que donde hoy se ubica la Kutubia había un zoco con más de 100 puestos dedicados a la venta de libros.

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Tumbas saadíes.

Cerca de la Kutubía se encuentran las tumbas saadíes –donde están enterrados 13 soberanos de la dinastía saadí-, un complejo arquitectónico pegado a la pared sur de la mezquita Moulay El Yazid y al que solo se podía acceder a través de ésta. Sin embargo, para que todo el mundo pudiera entrar, a principios del siglo XX los franceses crearon un estrecho pasadizo. Tras atravesarlo, te encuentras con dos mausoleos y una zona descubierta en los jardines. En esta última están enterrados los soldados y sirvientes. El Mausoleo de las Doce Columnas (que alberga las tumbas del sultán Ahmed El Mansour y sus dos sucesores) es el que más turistas suele atraer y se forman colas para poder contemplar su increíble decoración: techos de madera con relieves de oro y 12 columnas de mármol. Junto a esta sala se encuentra la de los Tres Nichos (donde yacen los príncipes que murieron de niños y las mujeres y concubinas de los príncipes) y la de Mirhab, que alberga el nicho que en las mezquitas indica la dirección de la Meca y la tumba del sultán Moulay Yazid.

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Palacio Bahia.

Por último, muy cerca de las tumbas saadíes se encuentra el Palacio de la Bahia, el gran ejemplo de la rica arquitectura de los palacios marroquíes, construido a finales del siglo XIX. Su visita supone también viajar a la Alhambra de Granada. Los jardines del palacio no son tan impresionantes como los del complejo granadino, pero la sofisticación de la decoración de techos, suelos y paredes de cada uno de sus habitaciones no tiene nada que envidiar. En este palacio  residía el visir Ahmed ben Moussa junto a sus cuatro esposas y 24 concubinas. Se cree que el edificio fue construido por el visir para su esposa preferida, por ello el nombre de Bahia, que significa la bella o la brillante. Son las habitaciones de esposas y concubinas (más o menos grandes según si pertenecían al primer o segundo grupo) las que se pueden visitar. Aunque no están amuebladas, observar el entorno es suficiente para comprender la riqueza que circulaba por este complejo.

Una vez visitados estos tres monumentos, llega la hora de adentrarse en el corazón de Marrakech: plaza Jamaa el Fna y sus zocos.

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