Halloween español

Aunque cada vez son más los niños que van de casa en casa pidiendo caramelos, España tiene sus propias tradiciones para la Noche de los Muertos.

Quedan pocos días para celebrar la Noche de los Muertos, una tradición anglosajona que en los últimos años ha llegado con fuerza a España. Cada 31 de octubre son más los niños que se disfrazan de sus mayores pesadillas y llaman a las puertas de sus vecinos en busca de caramelos. Sin embargo, pese al origen estadounidense de esta fiesta, en nuestro país también contamos con tradiciones propias que coinciden con la noche de Halloween y el 1 de noviembre, el día de Todos los Santos.

El Samhain celta

Aunque no hay teorías que confirmen que Halloween proceda del Samhain, la festividad celta que marcaba el fin del verano y de la época de las cosechas y el comienzo del otoño (una estación que asociaban a la muerte), muchas zonas del mundo han recuperado las tradiciones de sus antepasados y tratan de imponerlas a los festejos anglosajones de Halloween. Durante la noche del 31 de octubre, el mundo de los espíritus y el de los vivos estaban más cerca que nunca para los celtas, pero no todos los fantasmas eran bienvenidos, por lo que a algunos se les intentaba ahuyentar con hogueras o vistiendo pieles y cabezas de animales. Además, los druidas se escapaban a los bosques en busca de bayas de muérdago, que recogían con una hoz fabricada en oro (símbolo de pureza) y utilizaban para preparar pózimas curativas y mágicas que usaban para hacer predicciones.

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(Pixabay)

En Galicia, se pensaba que en esta época del año, los espíritus de los fallecidos acudían a las iglesias en las que se celebraba una misa en su nombre o visitaban las casas de sus familiares, que les recordaban preparando ciertos alimentos en su honor. Por esta época, los gallegos también solían elaborar melones, calacús o bonecas, calaveras elaboradas con la parte exterior de calabazas o remolachas, para espantar a los malos espíritus. La costumbre celta era más macabra pues tomaban los cráneos de los enemigos que habían vencido en las batallas, los iluminaban y los colocaban en los muros de los castros. Desde hace casi tres décadas, la Asociación de Amigos de Samain está intentando que los gallegos no olviden estas costumbres en favor de las anglosajonas. En Cedeira, por ejemplo, el 27 y 28 de octubre, habrá talleres especiales, pasacalles y espectáculos.

En Asturias, también mantienen vivas las tradiciones del Samhain y es costumbre dejar agua y alimentos junto a las viviendas para ayudar a los espíritus o ánimas a encontrar su camino o invitarles a descansar en sus casas. Se dice que estas almas llegan acompañadas de la güestia o la Santa Campaña, una procesión de espíritus que portan un hueso humano encendido y que anuncia la muerte a quienes están cerca de ella.

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Desfile de la Noche de las Ánimas, Soria.

Soria y la noche de las Ánimas

Desde hace más de 30 años, Soria también celebra su propio Halloween con la Noche de las Ánimas. Tras reunirse en la plaza Rincón de Becquer, comienza un paseo histórico por la ciudad. Posteriormente, la procesión se acerca al Duero y se dirige a una zona de monte donde prepara una hoguera, en torno a la cual lee la leyenda de Becquer La noche de las Ánimas. Los participantes visten túnicas y portan antorchas. Una vez las llamas se han apagado, los más osados andan sobre las ascuas aún calientes.

Castañas, el espíritu de los muertos

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(Pixabay)

El otoño es la época de las castañas, un fruto que las antiguas tradiciones dicen que representa el espíritu de los muertos. Cuando se come, se libera un alma del purgatorio. En Asturias, entre el 1 y el 11 de noviembre se celebra el Amagüestu: una fiesta pagana en la que se comen castañas acompañadas de sidra dulce. Tras recoger los frutos, los asturianos, reunidos en familia, prenden una hoguera y los asan utilizando un cilindro de metal con la base perforada. En ocasiones, también se pintan la cara con las cenizas como forma de atraer la buena suerte y saltan la hoguera para espantar a los malos espíritus. Finalmente, las castañas que sobran se tiran a la tierra para que las coman los muertos.

En Navelgas se celebra la más famosa de estas celebraciones, la Noche Mágica y Festival del Esfoyón y Amagüestu, declarada ya fiesta de interés turístico del Principado de Asturias. En este pueblo del concejo de Tineo, se recupera también la tradición del esfoyón: momento en el que los vecinos se juntaban en una vivienda para deshojar (esfoyar) el maíz de la casa y enrristrarlo y colgarlo de los corredores. Estas reuniones se convertían en una fiesta y era habitual narrar cuentos y leyendas.

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Tradición de esfoyar el maiz en la Noche Mágica y Festival del Esfoyón y Amagüestu.

En Cantabria, esta misma celebración toma el nombre de la Magosta. Una de las más populares es la de Coo, en el Valle de Buelna. Durante la jornada, ambientada con música folk, las mujeres preparan y reparten carboneras, un dulce hecho a base de chocolate, miel y castañas que se parece al carbón. Este dulce se prepara en homenaje a las mujeres que llevaban a sus maridos la comida al monte, donde trabajaban el carbón vegetal.

Cataluña también da una importancia especial a las castañas en esta época, con la celebración de la Castanyada, durante la que también se cocinan panellets, un dulce hecho a base de mazapán y harina de almendra, que acompañan con vino dulce de moscatel. En torno a los panellets se encuentra la figura de los campaners, que después de acumular energía comiendo estos productos, tocaban las campanas de la iglesia durante toda la noche para recordar a los muertos.

Ya en Extremadura, a las castañas se le suman las nueces, los higos pasos, las granadas, las bellotas o el dulce de membrillo para celebrar la Chaquetía. En el pasado, los niños llamaban a las puertas diciendo frases como «Tía, tía, dame la chiquitía, que si no no eres mi tía« y recibían alguno de estos frutos.

Los finaos de Canarias

Los canarios llaman al 31 de octubre la Noche de los Finaos. Hace décadas, las familias se reunían en casa y recordaban a los ya fallecidos mientras degustaban castañas asadas, almendras, nueces y vino dulce o anís. Al día siguiente, las mujeres recogían los atarecos o campanas y reunían a la familia para ir al cementerio, donde limpiaban las tumbas y rezaban por los fallecidos. Posteriormente, regresaban a casa, se limpiaban las manos, los zapatos y se cambiaban de ropa para eliminar la tierra que transmitía las enfermedades de los muertos. Concluían la celebración con una comida en la que estaban presentes los huesos de santo o los bollos del alma. Esos días sonaban también los Ranchos de Ánimas, grupos de música que recorrían las causas tocando música y recaudando fondos para financiar las misas de los fallecidos.

Tosantos, la gracia gaditana

El Día de Todos los Santos se convierte en Cádiz en la Fiesta de Tosantos. omo el 1 de noviembre los comercios no abrían, los gaditanos acudían al mercado de abastos el 31 de octubre para comprar productos típicos del otoño como nueces o castañas, pero también carne, pescado y verduras. La afluencia de personas era tal que, en 1876, la Comisión Municipal del mercado público decidió adornar la plaza del mercado y los alrededores. Esta tradición se ha mantenido con el tiempo y hoy se ha vestido de ironía. Los propietarios de los puestos recrean con humor escenas de la actualidad con los productos que venden.

Don Juan Tenorio, un clásico teatral

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Cartel del Don Juan en Alcalá de 2016.

Los fantasmas son los protagonistas del segundo acto de la pieza teatral Don Juan Tenorio, por lo que su representación el día 31 de octubre es ya una costumbre en muchos puntos de España. Uno de ellos es Alcalá de Henares, en Madrid. Este año se representará el 3 y 4 de noviembre en el recinto amurallado del Palacio Arzobispal. Además, desde hace varios años, en esta localidad madrileña, la noche del último día de octubre se organiza, desde hace siete años, la Marcha Zombie. Este año, el evento rinde homenaje al cine y habrá desfiles, conciertos, talleres y concursos. Desde 2004, es también una iniciativa solidaria y los participantes pueden donar 1 kg de alimentos no perecederos que se entregan al Centro de Apoyo a la Discapacidad Intelectual de Alcalá de Henares (Acadi).

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