Este pueblo costero de la provincia de Castellón fue testigo de los últimos días de un Papa que ya no contaba con el apoyo de la Iglesia.

Peñíscola
Vistas de Peñíscola desde el Castillo.

Peñíscola fue el último refugio del Papa Luna hace 600 años. En el castillo, construido anteriormente por los templarios, Pedro Martínez de Luna murió de anciano, tras haber sobrevivido unos años antes a un intento de envenenamiento. Hoy, esta ciudad valenciana, ubicada en la provincia de Castellón, se ha convertido en un centro de visitas culturales para los que veranean en Levante, pero también en el lugar que eligen los productores de series como Juego de Tronos para rodar sus fantasías. De hecho, el propio ayuntamiento ofrece un recorrido por los puntos cinematográficos de la zona.

Peñíscola
Castillo de Peñíscola.

La historia de Peñíscola, una ciudad que cuenta con el distintivo de uno de Los más pueblos más bonitos de España, está estrechamente vinculada a la de Martínez de Luna, el Papa Benedicto XIII o Papa Luna, aunque hay que remontarse un par de siglos más atrás para descubrir el origen del castillo que lleva su nombre. La ciudad vivió bajo el dominio árabe hasta el siglo XIII. Pocos años después de que este concluya, en 1294, comienza a construirse el castillo templario sobre los restos de la alcazaba árabe. Las obras, promovidas por frey Berenguer de Cardona, maestre de la Orden del Temple en Aragón y Cataluña, y frey Arnaldo de Banyuls, comendador de Peñíscola, duraron más de 10 años.

Peñíscola
Vistas de Peñíscola desde el Castillo.

Un siglo después, se produjo la llegada del famoso Papa, que contaba con el apoyo de solo una parte de la Iglesia. Tras la muerte del Papa Gregorio XI, se produjo una división en los votos de los cardenales. Una parte se decantó por que el sucesor fuera Bartolome Prignani (Urbano VI) y otra, por Robert de Ginebra (Clemente VII), quien traslada la sede pontificia a Aviñón y dio lugar a la Cisma de Occiedente. Pedro Martinez de Luna apoyó inicialmente al Papa Urbano VI, aunque posteriormente se situó del lado de Clemente VII, lo que hizo que este se lo agradeciera nombrándole legado papal en España. A su muerte, fue nombrado Papa, con el nombre de Benedicto XIII, mientras que  Pietro Tomacelli (Bonifacio IX) fue elegido sucesor de Urbano. El Papa Luna fue perdiendo poco a poco el apoyo de los cardenales, hasta ser excomulgado y morir a los 94 años refugiado en el castillo de Peñíscola, adonde había trasladado la sede papal.

Peñíscola
Casa de las Conchas (Peñíscola).

La trama de favores y traiciones que envuelve al castillo templario aumenta más si cabe el atractivo de esta ciudad. El corazón de Peñíscola se encuentra en lo alto de una colina desde la que vigila a cada uno de los visitantes que se atreven a traspasar sus murallas. La parte situada fuera de estas carece de atractivo cultural, aunque no turístico: varios kilómetros de playas y un amplio paseo marítimo plagado de restaurantes y hoteles (quizás algo masificado). Sin embargo, traspasados los muros, resurge la Peñíscola de hace siglos, aunque ahora atestada de turistas deseosos de asomarse a todos los miradores que dan a los acantilados sobre el mar Mediterráneo.

Peñíscola
Parque Artillería.

Pese a que lo mejor es pasear sin rumbo por el centro antiguo de la ciudad, de calles empinadas y empedradas, con numerosos restaurantes y tiendas de artesanía, hay que estar atento para no perderse algunos puntos turísticos, como la Casa de las Conchas, cuya fachada está totalmente cubierta con conchas de la zona.

Ya en el interior del castillo templario, las vistas sobre el mar Mediterráneo son lo que más merecen la pena, aunque no son aptas para aquellos con miedo a las alturas. Además, si eres un apasionado de la historia, disfrutarás de las exposiciones creadas en las antiguas habitaciones de la fortaleza, que narran la vida del Papa Luna y las tradiciones templarias. La entrada de la visita incluye también el acceso al Parque de Artillería, unos bonitos jardines que, sin embargo, nos dejaron mal sabor de boca por tener varias aves atadas como exposición.

A la salida del castillo solo queda hacerse una fotografía con la estatua del Papa Luna (tras esperar una cola de turistas con el mismo objetivo) y continuar callejeando por Peñíscola en busca de un pequeño souvenir o un restaurante en el que comer. Eso sí, esto último no es tarea fácil: hay que tener cuidado con los menús que intentan atraer a los visitantes con grandes ofertas que esconden siempre alguna trampa. Además, si visitáis la ciudad en invierno, puede que muchos de ellos estén ya cerrados.

Peñíscola
Vistas del mar desde el Parque Artillería.

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