Amberes es famosa por su barrio dedicado a los diamantes, pero esta ciudad belga cuenta con otras muchas joyas, aunque muy bien escondidas.

Cuando me dijeron que Amberes era la ciudad de los diamantes, imaginé que me iba a encontrar una ciudad lujosa, con grandes avenidas llenas de joyerías y restaurantes de alto standing. Y me alegra decir que no fue así. Puede que haya calles en las que el dinero rebose por las alcantarillas, pero por lo demás, es una ciudad acogedora, tranquila y con mucho encanto (aunque muy bien escondido).

Estación de Amberes

Dicen que la Estación Central de Amberes o Antwerpen-Centraal es una de las más bellas del planeta, solo por detrás de Saint Pancras ( Londres ),  Grand Central Terminal (Nueva York) y Chhatrapati Shivaji (Bombay), según la lista realizada por Newsweek en 2009, aunque otras publicaciones la sitúan más abajo en la lista.

Diamantes Amberes
Estación Central de Amberes.

No puedo decir si es la más bonita o no del mundo, pero es cierto que tiene una belleza innegable que contrasta con la sobriedad de los edificios que la rodean. Fue construida entre finales del siglo XVIII y principios del XIX por decisión del rey Leopoldo II, que quería que la ciudad tuviera una estación capaz de ponerla en el planeta. La llaman el templo de mármol o la catedral ferroviaria y solo la altura de su cúpula (75 metros) y los más de 20 tipos de mármoles diferentes utilizados en su construcción son suficientes para explicar estos apodos.

Las manos del gigante y el castillo de Amberes

Amberes, como otras ciudades belgas, está plagada de leyendas. El protagonista de una de ellas es el gigante Druoon Antigoon, que controlaba una zona del río Escalda. Cuenta la leyenda que Antigoon cobraba un peaje a todos los barcos que por allí pasaban. Sin embargo, si consideraba que la cifra pagada no era suficiente, cortaba las manos a los marineros.

Diamantes Amberes
Estatua de Silvio Brabo en la Grote Market.

Pero un día, se encontró con un enemigo, el soldado romano Silvio Brabo, que luchó contra él. Venció y le cortó su mano, que lanzó a las aguas del Escalda. La leyenda es recordada en la ciudad a través de tres símbolos: la estatua ubicada en el centro de la Grote Markt, que representa al soldado lanzando la mano y bajo sus pies, el cuerpo del gigante; una mano gigante en la calle Meir, la principal vía comercial de la ciudad; y su nombre en flamenco, Antwerpen, resultado de la unión de hand (mano) y werpen (lanzar). No obstante, originalmente, el nombre de Amberes hace referencia a un montículo (aanwerp, en flamenco) situado a las orillas del río donde fueron encontrados restos de un asentamiento galorromano.

Diamantes Amberes
Castillo Steen y Lange Wapper.

No hay que confundir a Antigoon con otro gigante famoso en la ciudad, Lange Wapper (gigante en movimiento), representado a las puertas del castillo Steen (Het Steen). De este cuentan que, después de que una anciana le otorgara la capacidad de cambiar de forma por haberla ayudado, se dedica a perseguir a los borrachos de la ciudad.

El callejón secreto y el casco histórico

El casco histórico de Amberes está formado por unas pocas calles que rodean a la Grote Market, no tan bella como la Gran Place de Bruselas, pero sí muy bonita. Al igual que en el resto de plazas de las grandes ciudades del país, destacan las casas de los gremios, un grandioso edificio para el ayuntamiento. Todo ello rodeando a la estatua del Lange Wapper. Además, si te fijas podrás ver al Manneken Pis de Amberes, situado en lo alto de una de las fachadas de estas casas.

Diamantes Amberes.
Catedral de Amberes

Callejeando llegas a la catedral gótica más importante del país, Onze-Lieve-Vrouwekathedraal; a la Casa de la Carne, un edificio de ladrillos rojos cuyo diseño dicen que recuerda al bacon; y el callejón medieval Vlaeykensgang, que te pasarás por alto si no vas muy atento. Por una entrada a lo que parece un patio privado de viviendas, accedes a un callejón tan estrecho como bello, en el que hoy las casas han sido sustituidas por restaurantes.

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Callejón Vlaeykensgang.

Un túnel para cruzar el río

La belleza de Amberes está concentrada en su casco histórico, todo en la misma   orilla del río, pero eso no quiere decir que no merezca la pena cruzar el Escalda y mirar la ciudad desde otra perspectiva. Para hacerlo hay dos formas (y os recomiendo ambas). La primera y más cómoda es coger el ferrry que lleva de forma gratuita de una orilla a otra cada 30 minutos (aunque el trayecto no dura más de 10). La otra es atravesar el túnel subterráneo de Santa Ana.

Diamantes Amberes
Vista de Amberes desde la otra orilla del Escalda.

Desde finales del siglo XIX, los habitantes de Amberes querían construir una vía de comunicación entre ambas orillas del río. Hubo planes para levantar un puente, pero todos quedaron en saco roto, hasta que en 1931 se decidió construir este paso subterráneo que se conserva intacto desde su apertura en 1933. Más allá de la emoción que puedes sentir al pasear medio kilómetro a 30 metros bajo las aguas del río (esquivando las bicicletas que circulan a toda velocidad), lo más especial de este túnel son sus escaleras mecánicas, construidas en madera.

Diamantes Amberes
Túnel subterráneo de Santa Ana.

Al llegar a la otra orilla, no vuelvas corriendo al centro de Amberes. Si tienes suerte y hace un día soleado, los parques de esta zona son perfectos para descansar un rato tumbado en el césped.

Art Nouveau, el secreto mejor guardado

El Art Nouveau nació en Bélgica y Amberes fue testigo de ello. Uno de los mejores ejemplos de ello se encuentra en el barrio residencial Zurenborg, al sureste de la ciudad. Al llegar, no tendrás ninguna duda de que estás en una de las zonas más exclusivas de Amberes, calles de palacetes unifamiliares en cuya puerta hay aparcados lujosos coches. Pero dejando la envidia a un lado, si contemplas las fachadas de estas mansiones, quedarás fascinado.

Diamantes Amberes
Las Cuatro Estaciones, en el barrio de Zurenborg.

Aunque la mayoría de las casas tienen elementos de este movimiento artístico, cuatro de ellas representan la gran obra del barrio: las Cuatro Estaciones de Joseph Bastcourt. En el cruce de Waterloostraat y General van Merlen, cada una de las fachadas de las cuatro casas que hacen esquina ha sido decorada representando una estación del año.

Rubens, el hijo predilecto de Amberes

Diamantes Amberes
Monumento a Rubens en la Groenplaats.

Rubens no nació en Amberes, pero sí lo hicieron sus padres, que huyeron de la ciudad al sentirse amenazados por su condición de protestantes. Regresó con 20 años, aunque volvió a marchar para formarse en Italia. Finalmente, se instaló en la ciudad belga ya con su primera mujer tras comprar la casa-taller hoy convertida en museo, el Rubenshuis, ubicado en la plaza Wapper. Aunque la casa es de visita obligada para los amantes de este pintor barroco -en ella no solo encontrarás obras suyas, sino también piezas de su colección-, el arte de Rubens empapa toda la ciudad. Podrás descubrirlo en la catedral y en otras iglesias, así como en el Museo Plantin Moretus, que alberga la imprenta más antigua del mundo y es el único museo declarado Patrimonio de la Humanidad por las Unesco.

Dominique Persoone y sus bombones imposibles

Diamantes Amberes
Tienda Chocolate Line de Amberes.

Es indudable que Bélgica es el paraíso de los chocolateros. Encontrarás todo tipo de chocolates y cientos de tiendas, pero hay unas más curiosas que otras. Uno de los chocolateros más famosos del país, conocido por su excentricidad, es Dominique Persoone -dueño de The Chocolate Line-, capaz de mezclar esta delicia con bacon o cebolla. Sus tiendas, ubicadas en Brujas y Amberes, son también una obra de arte y merece la pena entrar aunque sea solo para conocer a este Willy Wonka belga. Además, entre las historias que sobre él se escuchan está la que narra que, tras ser invitado a una fiesta de The Rolling Stones, les llevó como regalo un esnifador de chocolate (del dulce…), que se puede adquirir en sus establecimientos.

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