Una escapada de cuatro días es bastante para conocer los lugares más emblemáticos de Lisboa, aunque siempre te parecerá poco tiempo el disfrutado paseando por sus empinadas calles.

Lisboa es una ciudad peculiar. Genera sensaciones encontradas. La belleza de sus fachadas, sucias, descoloridas y algunas medio destruidas te transportan a otra época, más cercana, sin el bullicio de las grandes urbes y la velocidad de ciudades como Londres, que se han olvidado de sus habitantes. Sin embargo, es esa misma decadencia la que por las noches, en las callejuelas más estrechas e incluso en las grandes avenidas, es motivo de inseguridad, al menos para un turista.

Vistas desde el Elevador de Santa Justa.
Vistas desde el Elevador de Santa Justa.

Aunque su esencia sea la de un gran pueblo, Lisboa es una ciudad enorme y aunque quieras, es imposible conocer sus zonas más emblemáticas a pie (más complicado aún por las empinadas calles que la atraviesan). Pero quizás es mejor, porque así tienes una excusa para coger sus tranvías. El más famoso es el 28, pues recorre los lugares más turísticos. Sin embargo, cogerlo no es fácil pues se forman largas colas de turistas en las paradas de inicio y fin de recorrido para tomar asiento y disfrutar de una cómoda visita turística. Pese a todo, te recomiendo que intentes cogerlo. Evita las horas principales del día y acude a la primera parada para garantizarte un asiento.

Además de los tranvías, los elevadores son la otra estrella del transporte de la capital lusa. Funiculares que a modo de ascensor te permiten sortear las cuestas o escaleras que marcan la diferencia de alturas a la que se encuentran el Chiado y el Barrio Alto y la Baixa. El más particular de todos ellos es el Elevador de Santa Justa, un verdadero ascensor con estructura de hierro que conecta la Baixa con el Chiado y te coloca la ciudad a tus pies.

Elevador da Glória.
Elevador da Glória.

Por último, aunque no sea tan conocido como los tranvías o elevadores, Lisboa tiene su propio ferry. Hay varias rutas, pero la más recomendable es la que lleva de Cacilhas a Cais do Sodré, un barrio con un gran número de bares y restaurantes. Sus calles no tienen un atractivo especial, pero tanto desde el propio barco como una vez en Cacilhas, las vistas de Lisboa son preciosas.

Y es que la esencia de Lisboa son sus miradores, o miradouros, pues acabarás optando tú también por la palabra portuguesas. Podrás asomarte a todos ellos, pero nunca te cansarás de fotografiar la ciudad desde cada una de sus perspectivas y a cada una de las horas del día: el amanecer, el atardecer; un día soleado, otro plagado de nubes… Es muy difícil elegir uno de todos ellos, aunque quizá me quede con las vistas desde el Jardín de São Pedro de Alcântara o desde el castillo de San Jorge.

Ruta por Lisboa

Cuatro días son suficientes para conocer la ciudad de Lisboa, a los que habría que añadir alguna jornada para conocer los pueblos de los alrededores, como Sintra. Para no perderte nada, el primer día te recomiendo hacer un free tour que te lleve por los lugares más céntricos (que luego volverás a recorrer una y mil veces). Esta visita te llevará por el Barrio Alto y la Baixa y conocerás la librería más antigua del mundo (Bertrand Livreiros) y el café de los artistas de la ciudad (Café A Brasileira). Ese mismo día por la tarde, puedes acercarte a visitar por tu cuenta el Castillo de San Jorge y sus alrededores.

Castillo de San Jorge.
Castillo de San Jorge.

Al día siguiente toma el transporte público que mejor te venga según tu alojamiento con destino al barrio de Belém, donde se encuentran el Monasterio de los Jerónimos (cárgate de paciencia porque las colas de turistas son interminables), el Monumento a los Descubridores y la Torre de Belém. Si tienes tiempo y las largas colas no te ponen nervioso, acércate a probar los verdaderos y únicos pasteles de Belém. De regreso al centro de Lisboa, te recomiendo que te acerques a LxFactory, una antigua fábrica convertida en una especie de centro comercial y artístico al aire libre (si sois de Madrid, os parecerá un Las Rozas Village a lo hipster).

Torre de Belém.
Torre de Belém.

Si tu visita a Lisboa coincide con un martes o un sábado, tienes que acercarte a conocer la Feira da Ladra, el homólogo lisboeta del rastro madrileño, cuyo nombre podría deberse a que inicialmente allí se vendían artículos robados (ladra es ladrona en portugués). Las calles del barrio de la Alfama se llenan esos dos días de puestos de antigüedades y artículos de segunda mano de lo más variados. La mejor forma de llegar es coger el tranvía 28 hasta la Iglesia de San Vicente de Fora donde comienza el mercadillo.

Estação do Oriente.
Estação do Oriente.

Por último, si eres un amante de los animales, puedes conocer el Oceanário de Lisboa, el segundo mayor de Europa, algo alejado del centro de la ciudad, pero muy cerca de la Estação do Oriente, construida por el arquitecto Santiago Calatrava.

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