El frío invierno aumenta la atmósfera fantasmagórica del bosque filandes. Visitarlo es un buen motivo para conocer el otro atractivo de Rascafría, el Monasterio de Santamaría de El Paular.

Monasterio de El Paular en Rascafría.
Monasterio de El Paular en Rascafría.

En las últimas semanas parece que el invierno ha aterrizado por fin en Madrid. En la distancia se divisa la nieve que cubre los picos de las montañas en la sierra, aunque en el centro el manto blanco no se ha dejado ver. Con ganas de poder lanzar una bola de nieve, esta semana me he acercado a Rascafría, un pueblo de la sierra norte de Madrid, a poco más de una hora de la capital.

Esta localidad no tiene un atractivo especial ni una plaza mayor que la pueda situar entre las más bellas de la comunidad. Sin embargo, a dos kilómetros cuenta con dos lugares que no te puedes perder: el Monasterio de Santamaría del Paular y el Bosque Finlandés.

Monasterio de El Paular en Rascafría.
Monasterio de El Paular en Rascafría.

Desde el exterior, la construcción de El Paular me recordó a la del Monasterio del Escorial. Opté por una visita guiada, pues es la mejor forma de conocer los entresijos de estos edificios y no contemplar únicamente las delicadas figuras y pinturas de su interior. La visita, que no dura más de media hora y es conducida por uno de los monjes benedictinos que allí residen, recorre las zonas con más historia del monasterio, el primero cartujo instalado en Castilla. El atractivo principal, y no es para menos, es su iglesia de estilo barroco: un espacio de abundante decoración e inmensas columnas de mármol cuyo retablo mayor está impecablemente conservado a pesar de sus seis siglos de historia y la inmensidad de El Transparente corta la respiración.

Monasterio de El Paular en Rascafría.
Monasterio de El Paular en Rascafría.

El Paular comenzó a construirse en 1390, por orden de Juan I, Rey de Castilla. Con la desamortización, el monasterio es comprado por Rafael Sánchez Merino, lo que lleva a que su conservación sea descuidada y se lleguen a almacenar en su interior las maderas taladas en los bosques para la leña. Dos décadas más tarde, el recinto vuelve a manos del Estado y finalmente, a mediados de los años 50, se instala allí una comunidad de monjes benedictinos.

Frente al monasterio, tras dejar atrás el Centro de Visitantes Valle de El Paular (donde te pueden informar de las rutas de la zona), se encuentra el Puente del Perdón, construido para facilitar el paso de los monjes desde el monasterio hasta el Molino de Papel de Los Batanes. La leyenda sobre su nombre cuenta que los reos condenados podían hacer en él una última apelación que les podía liberar de su sentencia de muerte.

Bosque finlandés de Rascafría.
Bosque finlandés de Rascafría.

Tras cruzar el puente, llegas al camino que conduce al Bosque Finlandés, llamado así por su parecido con las espesuras del norte de Europa. Tras los altos árboles de gruesos troncos que muestran su antigüedad, se encuentra el lago, la zona más bonita e idílica de este lugar. El lago no es muy grande, pero cuenta con un embarcadero y una pequeña cabaña que le otorgan al mismo tiempo un aspecto de cuento de hadas y de fantasmas. Aunque en primavera, en pleno esplendor de la naturaleza, tiene que ser una maravilla, yo fui en invierno, lo que incrementa su aspecto tétrico. Las bajas temperaturas habían congelado el agua (que seguía así a medio día), por lo que daban muchas ganas de coger unos patines y deslizarse sobre él o, en su defecto, lanzar alguna piedra para comprobar la espesura del hielo. No pude evitarlo y, como una niña, disfruté al ver cómo las burbujas de aire producidas tras el impacto trataban de escapar por cualquier abertura, por muy pequeña que fuera.

Bosque finlandés de Rascafría.
Bosque finlandés de Rascafría.

Si tienes tiempo y energía, desde el Puente del Perdón parten varias rutas, todas de seis kilómetros de longitud (12 km ida y vuelta). Una de ellas termina en las Cascadas del Purgatorio, de 12 metros de altitud, cuyo nombre se debe, según la leyenda, a que los monjes del monasterio purgaban allí sus pecados. Y para terminar, acércate a Rascafeía a tomar una buena comida al calor de la chimenea.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *