Creada durante el protectorado francés, esta zona es más parecida a las urbes occidentales aunque sin perder los colores de las fachadas marroquíes ni optar por los grandes rascacielos

Murallas exteriores de la Medina. Gueliz.
Murallas exteriores de la Medina.

Después de haber paseado y esquivado motos por el zoco de Marrakech, llega el momento de respirar un poco de calma (aunque seguro que luego te quedarás con el caos). Al otro lado de las murallas que rodean la Medina se encuentra la ciudad nueva, llamada Gueliz, creada durante el protectorado francés, más parecida a las urbes occidentales aunque sin perder los colores de las fachadas marroquíes ni optar por los grandes rascacielos.

Lo primero que notarás es que las motocicletas son en su mayoría reemplazadas por los coches y reaparecen los semáforos (aunque tampoco es que los vehículos los tengan muy en cuenta). Una de las guías que nos llevó por Marrakech nos comentó que para cruzar las calles, los peatones miran, rezan y cierran los ojos. Y lo sorprendente es que los vehículos, aunque no respeten las señales, se paran si ven a una persona cruzar por mitad de la carretera.

Jardín Majorelle. Gueliz.
Jardín Majorelle.

El Jardín Majorelle es el principal atractivo de Gueliz, un precioso bosque (por su tamaño y la frondosidad de sus árboles no se le puede calificar como jardín) ordenado, cuidado y elegante en medio del caos marroquí. Este lugar fue comprado en la década de los ochenta por el diseñador Yves Saint Laurent y su compañero, Pierre Bergé, enamorados de la ciudad de Marrakech. De esta forma, se trasladaron a vivir a la antigua residencia de su propietario original, el pintor Jacques Majorelle, y lograron mantener el paraíso del artista. En el interior de los jardines, el estudio de Majorelle se ha convertido hoy en el  Musée Berbère. Además, muy cerca han inaugurado hace tan solo unos meses un museo dedicado a Yves Saint Laurent.

Jardín Majorelle en Gueliz.
Jardín Majorelle.

Con respecto a los jardines, encontrarás hasta 300 especies vegetales de los cinco continentes que te rodearán mientras paseas por los estrechos y laberínticos caminos que recorren el lugar. Por ellos llegarás a la zona de los cactus, a los que era aficionado el pintor y cuya pasión quisieron mantener el diseñador y su compañero, por lo que hoy hay hasta 30 especies diferentes; la de las palmeras, algunas traídas del Pacífico Sur, el África Oriental, la India, la cuenca del Mediterráneo e incluso las Islas Canarias; al espacio de los bambús, al memorial construido en nombre del diseñador, cuyas cenizas fueron esparcidas por los jardines tras su muerte, y al lago central, ubicado junto al estudio del pintor, cubierto de lirios de agua y flores de loto asiáticas. También entrarás al pequeño pabellón construido en medio de los jardines, que crea un espacio de intimidad y era utilizado por Majorelle para pintar.

Amal Centre. Gueliz.
Amal Centre.

A esta hora ya tendrás hambre y muy cerca del Jardín Majorelle se encuentra el Amal Centre, un centro que forma a las mujeres marroquíes en el sector de la restauración y ofrece comida casera a muy buen precio. El local tiene un pequeño jardín en el que comerás rodeada de gatos que también conocen los mejores platos del Amal Centre.

A nosotros nos hubiese gustado seguir visitando Gueliz y acercarnos a La Mamounia, el gran hotel de la ciudad y uno de los más lujosos del mundo, pero no tuvimos tiempo. Si pudimos, sin embargo, visitar el Ensemble artisanal, un centro que reúne varias tiendas de artesanos en el que podrás ver los precios de los artículos que quieras comprar en los zocos pero no sepas por cuánto regatear. Te puede servir de orientación para las compras en la Medina o como lugar del que llevarte tus souvenirs. Además, el Ensemble artisanal tiene una zona de talleres en la que puedes ver a los propios artesanos confeccionando las alfombras o los instrumentos musicales.

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