En la Isla de Hielo es posible ver a las focas y a las ballenas chapoteando libres en el mar y que las ovejas de denso pelaje se conviertan en tu compañero de carretera.

Animales Islandia
Ovejas en Islandia.

Una de las primeras cosas que vi cuando llegué a Islandia fue una oveja. Es cierto que me habían avisado de que las encontraría a cientos en las desiertas carreteras, pero no imaginaba que fueran a ser tantas y sobre todo, que no serían las ovejas a las que estamos acostumbrados en España. La raza islandesa es peluda, pero con unas lanas salvajes (y eso que era la época cálida del año), densas y de distintas tonalidades. Con cuernos y más grandes que las ovejas que nos dan lana en España. Dicen que la población de estos animales multiplica por varias veces a la de los habitantes (sólo 330.000 en toda la isla) y cuando comienzan a bajar las temperaturas, los ciudadanos deben salir al campo a recogerlas.

Las ovejas son prácticamente el único compañero de viaje en algunas zonas de la isla, principalmente en los fiordos orientales. Incluso en temporada alta, te encontrarás con pocos vehículos, pero serán muchas las ovejas que te obliguen a frenar mientras conduces o que te hagan sonreír por cómo te contemplan mientras pastan.

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Caballos en Islandia.

Tu otro acompañante en la carretera serán los caballos, aunque por su tamaño, la raza islandesa se parece más a nuestros ponis. Son muy bajitos (tienen un tamaño medio de 1,35 metros) aunque increíblemente musculosos (pesan entre 300 y 400 kilos), lo que les permite soportar las frías temperaturas del invierno islandés así como las fuertes lluvias y el viento. Su otra característica principal es la densa y larga crin, que se convierte casi en un flequillo que les impide ver con claridad. La pureza de estos caballos permanece casi intacta desde su llegada a la isla junto a los primeros pobladores en el siglo X. De hecho, las autoridades prohibieron en el 982 la importación de otras razas.

Además de sus características físicas, estos caballos cuentan con dos pasos únicos en su especie: el tölt (un tipo de trote en el que el jinete no siente prácticamente el movimiento) y el skeid o paso veloz. Algunas personas optan por contratar una ruta sobre ellos, pero yo creo que es suficiente con contemplarlos durante el viaje y si tienes oportunidad, acercarte a tocarlos. Son bastante simpáticos y no dudan en aproximar su hocico a tu mano, aunque si no llevas una comida que les agrade, es probable que tu visita no les interese demasiado y prefieran ignorarte.

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Patos en Illugastadir.

Antes de viajar a Islandia, ya tenía asumido que vería ballenas, pues había contratado una excursión en barco, pero no sabía que podría ver focas y sin que ninguna empresa me llevara a ellas. Quizá por eso, este sea uno de los mejores recuerdos que guardo. Al norte del país, la península de Vatnsnes es el hábitat de estos mamíferos. Hay una zona en concreto, Illugastadir (en el extremo norte de la península) en la que, según la guía que consultamos y muchas páginas de internet, se puede ver a estos animales durmiendo en la playa. Sin embargo, después de recorrer varios kilómetros por la carretera de grava que llega hasta allí (y esquivar a todas los pájaros que se cruzaban en nuestro camino), no vimos ninguna. (Pese a todo, os recomiendo que hagáis este recorrido, pues hay una preciosa playa donde anidan patos, charranes árticos y otra aves).

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Foca en la península de Vatnsnes.

Un poco desanimados por no haber podido verlas, emprendimos el camino de regreso y unos kilómetros más adelante nos paramos a probar suerte ante un cartel que ponía avistamiento de focas. Ayudados por unos turistas que habían conseguido distinguirlas, las localizamos y ya no las perdimos de vista. Varias de ellas estaban tumbadas en unos pequeños islotes algo alejados de la orilla, pero una de ellas se bañaba curiosa muy cerca de nosotros. Sacaba la cabeza, nos contemplaba y chapoteba.

En Húsavík, tomamos un velero y navegamos durante cuatro horas en busca de las famosas ballenas (aunque posteriormente, en Grenivík, el dueño de la casa donde nos alojábamos nos dijo que todas las tardes una ballena se bañaba junto a los fiordos del pueblo). El viaje fue increíble. Es caro, pero es el dinero mejor invertido. Tuvimos la suerte de ver primero unos pocos delfines que saltaban delante de nuestro barco.

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Frailecillos junto a la isla de Lundey.

Posteriormente nos dirigimos a Lundey, la Isla de los Frailecillos. Según nos acercábamos, pudimos ver muchos de estos graciosos pájaros con el pico naranja volando torpemente y aterrizando en picado sobre el mar en busca de algún pez. Ya junto a la isla, vimos una gran masa que cubre las laderas verdes de la montaña: cientos de frailecillos que descansaban y se refugiaban en los nidos. Aunque este fue el lugar donde mejor los contemplamos, en nuestra visita a la playa de arena negra Reynisfjara también les vimos planear, dejándose llevar por los fuertes vientos que soplaban en la zona.

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Avistamiento de ballenas en viaje desde Húsavík.

Las últimas dos horas de nuestro viaje en barco, las dedicamos a buscar ballenas (aunque ellas no tardaron en rodearnos). Varias parejas nadaron a nuestro alrededor y una de ellas hasta salió de debajo del velero. Lo bueno de realizar el trayecto en un barco de vela es que el ruido del motor no afecta a los animales y la compañía asegura que no usan ningún tipo de sonar para localizar a las ballenas.

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Charrán ártico en la península de Vatnsnes.

Por último, os quería hablar de un animal poco conocido (y no muy atractivo), pero que nos llamó mucho la atención: el charrán ártico. Se trata de un pequeño pájaro de cuerpo blanco, cabeza negra y pico naranja que nos encontramos por primera vez en la península de Vatnsnes y del que os recomendamos huir. ¿Por qué? Es muy protector con sus crías y si te acercas a uno de sus nidos (que colocan en el suelo), vuelan hacia a ti para atacarte. Al estar en los lugares más insospechados, puede que te aproximes sin enterarte y de repente oigas su trino ensordecedor junto a ti a punto de picarte: vimos cómo uno de ellos hacía una pequeña herida en la cabeza a un turista que trataba de fotografiar el nido. También encontramos a estas aves en la península de Snaefellsnes, cubriendo toda una zona del suelo. Teníamos tanto miedo, que decidimos dejar el coche algo más lejos para no ser atacados.Guardar

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