El nombre, divertido para los castellano hablantes, no será lo único que recordaréis del sendero que lleva a esta catarata, no apto para los más torpes.

Río del xorroxín
Río del Xorroxín

La primera vez que me dijeron que tenía que visitar el Xorroxín, tuve que evitar una sonrisa. El nombre, para un castellano hablante, resulta curioso. Si encima luego te encuentras a una persona de la zona que lo pronuncia totalmente diferente a como tú lo haces, ya sabes que el trayecto va a ser, al menos, inolvidable. Y lo fue.

Camino hacia el Xorroxín

 

Cuando te preparas para hacer una ruta larga por el monte, te vistes de forma adecuada, coges agua y algunos frutos secos por si acaso, y te conciencias de que vas a andar y te vas a cansar. Nuestro problema cuando nos dirigimos al Xorroxín es que desconocíamos la longitud del trayecto o lo que nos podríamos encontrar, solo nos habían dicho que era una cascada que merecía una visita.

Para llegar a la zona hay que seguir las indicaciones a Erratzu. El coche hay que dejarlo algo alejado, ya que el camino está supuestamente cortado al paso de vehículos. Empiezas entonces a andar, pensando que ya has iniciado la ruta mientras te maravillas con las vistas de un campo verde que parece no tener fin. Montañas y explanadas con vacas, caballos, cabras, ovejas, etc. El camino como tal comienza en un descenso, junto a la ermita de Nuestra Señora La Dolorosa (ya has andado unos 20 minutos). A partir de entonces, la única indicación de que sigues la dirección correcta es que otras muchas personas llevan el mismo sentido. Por momentos, te parece escuchar el riachuelo y piensas que la cascada no puede estar muy lejos, pero no es así.

Camino hacia el Xorroxín
Camino hacia el Xorroxín

El recorrido completo (ida y vuelta) son cerca de seis kilómetros, pero una vez llegas al Xorroxín sabes que ha merecido la pena. En cualquier caso, el final del camino no es apto para personas poco hábiles y es necesario llevar botas de montaña: hay que cruzar un riachuelo sorteando las piedras resbaladizas. Los más osados, cargando con niños a sus espaldas, deciden incluso subir unas rocas para poder hacerse una fotografía en plena cascada o se bañan en la poza. Los prudentes se conforman con descansar y recuperar fuerzas en la rivera del riachuelo mientras escuchan el magnífico y relajante sonido del agua al caer.

El camino de regreso parece corto, incluso. Cansados, con algo de barro en las piernas y en las manos de apoyarte en los árboles y en las rocas, llegas al coche sabiendo que el Xorroxín te sigue haciendo sonreír por su nombre, pero también por la miniaventura vivida para conocerlo.

Cascada del Xorroxín

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